La gran victoria del mundial femenino

Es innegable que, en los últimos trece años, el fútbol ha tenido un avance importantísimo y abismal en Venezuela, país dominado históricamente por el béisbol, disciplina que, durante décadas, monopolizó el entretenimiento deportivo y dentro de la cual la nación sudamericana se ha destacado constantemente a nivel mundial, erigiéndose como un referente incuestionable de talento y de respeto.

Lo que comenzó con la llamada “Revolución Vinotinto”, que se centró en el crecimiento y el apoyo hacia esa selección llamada “la cenicienta” de América, se ha propagado velozmente en los hogares, colegios, universidades y trabajos venezolanos; a tal punto que, hoy en día, es casi imposible salir a la calle sin observar a alguna persona luciendo orgullosamente la camiseta de su club favorito.

El sábado 6 de junio de 2015, en Canadá, se dio inicio a la séptima edición de la copa mundial femenina de selecciones absolutas. Este torneo, caracterizado por su impecable organización y la fluidez de su juego, hace visible la premisa de que la FIFA, a pesar de hallarse, en este momento, en el ojo del huracán debido a gravísimos escándalos de corrupción, aún es capaz de organizar eventos de grandes proporciones con resultados exitosos.

En Venezuela, lamentablemente, la cobertura y la atención brindadas a este campeonato por parte de los medios de comunicación, y de la afición al fútbol en general, ha sido muy reducida (por no decir nula). Tomando en cuenta que, apenas hace un año atrás, el país tuvo su mayor experiencia referente al fútbol femenino en toda su la historia con la participación de la selección nacional sub-17 en el mundial que nos dejó dos botas de oro y un cuarto lugar, cabe preguntarse si el balompié criollo está logrando un florecimiento de manera integral cuando la mayoría de los seguidores del “deporte rey” ignoran que, en este momento, se está desarrollando un acontecimiento de tal magnitud.

El fútbol femenino, desde sus inicios, ha tenido la tarea de enfrentarse y derribar prejuicios y dudas que, tristemente, merodean a sus alrededores. Duele encontrarse en Venezuela con afirmaciones de la talla de “eso es para marimachas”, “ahí no va nadie” o “ese deporte es sólo para hombres”, entre otras tantas que, simplemente, dejan en entredicho que aún falta mucho por crecer, no sólo a nivel deportivo, sino a nivel sociológico.

Lo cierto es que las mujeres, en todas sus categorías, vienen en estampida ganándole espacios y territorios al fútbol masculino que, plagado actualmente de figuras que recuerdan al “Star System” de Hollywood, de caídas teatrales y de sobornos millonarios; va perdiendo, dramáticamente, feligresía. Para muestra está esta copa mundial femenina, la cual, con un promedio de asistencia de 27 mil aficionados por partido (llegando en algunos hasta los 54 mil espectadores), manifiesta a gritos la proximidad una sana tormenta que promete cambiar para siempre el destino del deporte mundial.

En Canadá el fútbol ha vuelto a su esencia,

sin teatro, sin barras bravas, sin violencia.

Son las mujeres, son ellas

las que buscan rescatar al fútbol de la farándula y las estrellas.

La gente se está empezando a cansar

de las falsas caídas de Dani Alves, de Cristiano y de Neymar.

Para patear el balón no es necesario

un jugoso contrato multimillonario.

Así que despejen el camino,

que viene dando pasos gigantes el fútbol femenino.

T.M.

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