La historia fracturada: Venezuela Contemporánea en diez retablos

Capítulo I: Zumaque 1

El 31 de julio de 1914, se inauguró oficialmente la producción petrolera en Venezuela. El pozo Zumaque 1, ubicado en el campo de Mene Grande (al este del Estado Zulia), se convirtió en el primer extractor nacional de lo que el mismo Juan Pablo Pérez Alfonzo, ilustrísimo diplomático venezolano, bautizó como “el estiércol del Diablo”. Al momento de la explosión mineral, fallecía definitivamente un país que, sin tiempo para el luto, le daba paso a otro completamente diferente que se colocaba un llamativo disfraz de progreso absoluto.

Se abrió el portal,

sale el estiércol del diablo que ha de empujarnos al mal.

Mira la tierra, mira cómo sangra noche,

mira la tinta que escribirá epopeyas de populismo y de derroche.

Mira ese imán viscoso que, con obscuro espesor,

va seduciendo a los que buscan un futuro mejor.

Mira esa excitada maraña de líquido y cenizo pelo

que va vomitada en el aire, espolvoreándolo de duelo.

Mira ese aceite de piedra tan curioso que encontraron,

míralos cómo celebran que nos condenaron.


Capítulo II: Adiós a la coa

zumaque 1

Con el llamado “Boom petrolero”, el motor y modelo económico venezolano (tradicional y centenariamente rural) sufrió un golpe del que jamás se recuperaría. El creciente gremio de la extracción mineral otorgaba rápidas y pingües ganancias que, con el pasar de los días, se iban acrecentando abruptamente a raíz de los negocios bilaterales que se iban forjando y que requerían una gran cantidad de mano de obra. La rapidez y la abundancia del dinero fueron responsables de que muchos trabajadores de la tierra empacaran sus cosas y, soñando con lujos, se marcharan a la ciudad.

Adiós a la coa y al azadón,

pronto me respetarán y me tratarán de “don”.

Adiós a la plantación,

mis hijos y mis nietos corretearán por mi mansión.

Me marcho a la ciudad,

por fin ha llegado mi ansiada oportunidad.

A las ánimas ambulantes se las tragará el bullicio,

el cantar de la paraulata no se oirá en los edificios.

En aquella estéril tierra no seré más que un ajeno,

pero con la panza hinchada y con los bolsillos llenos.


Capítulo III: Algunos encienden chimeneas

golpe 92

Durante varias décadas, las ganancias financieras originadas por el petróleo se convirtieron, gracias a las malas gestiones políticas y a la corrupción de los repetitivos gobiernos, en un absoluto oligopolio. El gran grueso de la siempre ingenua población fue arrojado a la sequía de las influencias y menospreciado una y otra vez. Sin embargo, el hartazgo de los marginados se tradujo en sangrientas revueltas y en violentas manifestaciones que, encauzando la ira popular, minarían las bases y estimularían un cambio que, lentamente, se acercaba.

Algunos encienden chimeneas mientras tú mueres de frío,

algunos comen langosta mientras tu plato está vacío.

Pronto llegará el fin de los pudientes avaros,

la ira de nuestro pueblo se transformará en disparos.

La revolución acecha,

a partir de esta fecha se reducirá la brecha.

Ataquemos la neuralgia con fervor y sin piedad,

cada gatillo que apretemos será un paso a la libertad.

El trinar de nuestros fusiles activará las alarmas.

Por fin ha llegado el día, ¡camaradas, a las armas!


Capítulo IV: Mira qué lindas consignas

chavez 1

Todo tiempo obscuro requiere un redentor, Venezuela no fue la excepción. El fin de siglo venía anunciando una tormenta que, aunque se avizoraba, nunca fue asimilada hasta que fue demasiado tarde. Un carismático y hechizante hombre, involucrado en la violencia explicada en el capítulo pasado, se transformó en un muro inquebrantable de promesas esperanzadoras y de injusticias consoladas. Él sería el encargado, gracias al pueblo al que conquistó con sus palabras, de darle el tiro de gracia a tantos años de abusos y de burocracias.

Mira qué lindas consignas, mira qué hermosas proclamas,

mira la solución a tus problemas plasmada en este holograma.

Mira esa masa extasiada que en la lejanía se pierde,

mírala cómo está asqueada del blanco y del verde.

Ven, ¡únete, compañero!

que vamos a destruir todo para empezar desde cero.

Por fin llegó el bienestar para ti y para tus hijos

porque, a partir de ahora, el punto no será fijo.

Alza, vibrante, tu voz; que el contrincante se aturda

porque, ahora, el bastón de mando lo empuña la mano zurda.


Capítulo V: Que viva un tal Cienfuegos

que viva un tal cienfuegos

La gran redención salvadora sacó las garras y se reveló como un profundo resentimiento social. Una carga ideológica de odio disfrazada de paz iba haciendo metástasis gracias a una nueva dirigencia que se transformó en una religión amenazante, ignorante y pretenciosamente totalitaria. El rechazo y la intolerancia en nombre del victimismo hizo aflorar lo peor de cada venezolano, fracturando al país en dos partes irreconciliables.

Que viva un tal Cienfuegos, que viva un tal Martí,

si el comandante conmigo, ¿quién contra mí?

Larga vida a un Atahualpa y a unos tales tupamaros,

has nacido pudiente y eso lo vas a pagar caro.

Que viva un tal Mao, que viva un tal Guaicaipuro,

pronto ajustaremos cuentas, eso te lo juro.

Que viva un tal Víctor Jara, que viva un tal Che,

fuiste a colegio privado y eso no lo toleraré.

En la yesca resentida, violentamente arderás.

Tejeré con tus entrañas una bandera de paz.


Capítulo VI: Avísame cuando llegues

1 Avísame cuando llegues

El caos y la impunidad corrupta desembocó en la anarquía, en las armas, en la violencia extrema y en dolor. La noche se volvió amparo y actividades cotidianas como salir a celebrar con los amigos o caminar bajos las luces de los postes se cotizaron como auténticos lujos. Llegar vivo a casa se convirtió en algo extraordinario que debía ser notificado a la brevedad.

Avísame cuando llegues,

no vaya a ser que, por mala suerte, en el camino te anegues.

No te detengas ante eventos de ninguna naturaleza,

recuerda que, en esta selva, nosotros somos la presa.

Antes de que amanezca, no salgas ni por asomo,

abundan muchos vampiros con los colmillos de plomo.

Enciende todas las alertas, toma cada precaución,

recuerda que, tu cabeza, también tiene cotización.

Ve con cuidado,

recuerda que hay mucha pólvora y pocos hombres honrados.


Capítulo VII: Qué desgracia la de…

qué tristeza la de alejandro

Unos aún podemos contar y oír estas negras historias. Otros no corrieron con tanta suerte.

¡Qué desgracia la de Alejandro!, !qué triste cambio de rol!

Ayer estaba lleno de sueños, hoy está lleno de formol.

Qué alumno tan destacado de la escuela de derecho,

qué lástima que la bala le entrara justo en el pecho.

Ayer se estaba probando su toga y su birrete,

hoy lo van a velar en la capilla número siete.

Pero es su culpa que se lo llevara Caronte,

¿quién lo manda a estar de madrugada manejando por Bello Monte?

¡Qué partida de alma!, ¡qué partida tan prematura!

le cerraron el telón cuando aún iba por la obertura.


Capítulo VIII: Loredana

loredana

Alguien se va, alguien se queda, que viaje el que quiera (o el que pueda)

Te extrañaré, Loredana, pero me debo marchar.

Lo siento mucho, Loredana, no me puedo quedar.

Estoy consciente, Loredana, que romperás a llorar.

Perdóname, Loredana, no te podré consolar.

Sé muy bien, Loredana, que te vas a despechar,

y sé también, Loredana, que alguien se va a aprovechar.

Y allá lejos, Loredana, cuando comience a flaquear,

tu recuerdo, Loredana, me permitirá avanzar.

Se va el avión, Loredana, y no te quiero explicar,

que, si me matan, Loredana, ya no te podré extrañar.


Capítulo IX: Aerolíneas La Diáspora

maiquetía

El melodrama sólo se combate caminando (con el perdón de los paralíticos)

Aerolíneas La Diáspora le da la más cordial bienvenida

a los pasajeros que, en esta nave, van emprendiendo la huida.

Será extenso el vuelo, pues la distancia es larga.

Bajo los asientos hay pañuelos para sus lágrimas amargas.

Cuando despeguemos de la pista

verá que, el país en el que creció, se va perdiendo de vista.

Una vez que lo asimile, comenzará a llorar sin clemencia.

Trataremos de distraerlo con un poco de turbulencia.

Aerolíneas La Diáspora ha llegado a su destino.

Seque el llanto de sus ojos y prosiga su camino.


Capítulo X: A escena

mar

En el que el lector escribe el final de esta grande historia.

A escena, aunque la noche sea fría y cueste conseguir la cena.

A escena, porque sólo tú sabrás si todo valió la pena.

A escena, porque río es río, sea el Guaire o el Sena.

A Escena, que el recuerdo se hace piedra y la piedra se hace arena.

T.M.

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