Las criadas, una pieza incendiaria en un mundo de apagafuegos

Es valiente quien va a ver buen teatro, pues se arriesga a que, desde el escenario, una dosis de fantasía pueda hacer temblar los cimientos de su propia realidad. Es valiente quien, apartando la gríngola de los prejuicios, se abstrae de sus convicciones a la hora de ver una gran historia desarrollarse en las tablas. Pero, más valiente aún, es quien se atreve, en este convulso y polarizado siglo XXI, a representar una obra de Jean Genet.

Éste es el caso del grupo teatral Fuera de Foco, el cual, con motivo de su participación en el XII certamen de Teatro Abierto de Hortaleza, salió al ruedo interpretando “Las criadas”, polémica, incendiaria y combativa composición del mencionado escritor francés, el cual nunca dudó en exponer con tinta y papel esas vísceras visibles de una sociedad que, tanto en aquel tiempo como en el actual, aún tiene muchísimas cosas por aprender.

La cita fue en el Centro Cultural Carril del Conde, en una sala principal repleta que vio cobrar vida, dentro de un armario, a Clara (Carmen Giménez) y a Solange (María Teresa Frontelo); dos trabajadoras domésticas que, con exquisita ironía, perversión e irreverencia, juegan, durante la ausencia de su patrona, a intercambiar roles aderezados con joyas, vestidos y maquillajes que les son prohibidos.

La trama, que va torciéndose mientras deja entrever una conspiración al estilo de un “Coup d’état” casero (supuestamente basado, a pesar de la negativa de su autor, en el tristemente célebre caso de las hermanas Papin), llega a su Clímax con la aparición de la admirada y odiada ama (María Salas), la cual, asemejándose a una María Antonieta posmoderna, no tiene (o pareciera no tener) consciencia alguna de las obscuras estratagemas que flotan a su alrededor.

Ayn Rand, famosa y descontenta novelista y ensayista rusa, señaló una vez que el barómetro de la sociedad estaba íntimamente ligado al dinero. Parafraseando esas palabras, podremos aplicar el silogismo de que el barómetro del teatro está aunado a las primeras impresiones del público inmediatamente luego de haber vivido la experiencia artística. Terminada la función, en la recepción del centro cultural, una señora de edad avanzada le pregunta a otra: “¿te ha gustado la obra?”, a lo que su interlocutora responde: “no, ese tipo de obras son peligrosas”.

Con un trabajo impecable en dirección, interpretación, escenografía y vestuario; Jean Genet (y su filosa observación de la realidad) cobró vida una vez más, moviendo la fibra de aquellos valientes que se atrevieron a reunirse en torno a una asamblea dramatúrgica que deja un gran sabor de boca, que mueve a pensar y que seguirá siendo, con el pasar de los años, una auténtica obra maestra.

 

Texto: Tomás Marín (@erpinufitu)

Fotografía: Pablo Lucero.

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