AmigOz: La armoniosa disidencia de las baldosas amarillas

La cita, tras acuerdo previo, es en el centro Revirock, a las afueras de Madrid. La calidez del lugar contrasta con el templado aire de la fría y húmeda noche que, cabalgando por noviembre, exhala, como siempre, sus soplos invernales. Más caluroso aún es el recibimiento por parte de Juan Carlos Flores, Backliner del grupo, quien, tras su apariencia de rudeza (inherente a casi todos los rockeros legítimos), deja entrever una gran simpatía y una agradable amabilidad.

Somos dirigidos a un pequeño bar, dentro del complejo, en el que nos esperan Fernando Ponce de León, hombre de mirada intimidante, (Flauta) y Tony del Corral (Saxofón), quienes, sonrientes, nos saludan y ofrecen asiento mientras arriban los miembros faltantes de la banda. Poco a poco se van integrando Chema (Guitarra), Santi (Violín), Joaquín “el niño” Arellano (Batería) y Juanma (Voz). El último en aparecer es Salva (Bajo), capitán (por referirlo de algún modo) de este equipo de talentosísimos músicos que, con ilusión, esfuerzo y trabajo duro; ha logrado un ascenso meteórico que les valdrá, el año entrante, su primera presentación en Sudamérica. Tras la explicación de la ausencia de Kiskilla y de Fernando Sánchez por motivos laborales, caminamos todos hacia la sala de ensayo en donde, acompañados de cerveza y cigarrillos, AmigOz nos regala un momento ameno y una entrevista inolvidable.

Además del talento indiscutible de cada uno de sus componentes, la conexión, complementación y camaradería que une estas piezas parece ser la combinación ganadora que ha hecho que “AmigOz” no sea un nombre elegido por simple azar. A ellos no les interesan las finanzas disqueras (no viven de eso), su más grande presea es disfrutar el inmenso placer de crear e interpretar canciones en donde sea que se les requiera, sin dejar de tener los pies en la tierra y de ser, ante todo, ciudadanos trabajadores. “Que de la burocracia se encarguen otros”, afirman sin dejar un atisbo de duda.

Juanma, Santi, Chema, Juan Carlos y Tony.

Juanma, Santi, Chema, Juan Carlos y Tony.

Se revela en las grabaciones, en el escenario y en la convivencia: la entrega es total hacia un público que es capaz de decantar y deducir el cariño interno y recíproco que les es brindado durante cada concierto. La mejor gratificación que pueden recibir, más que un “qué bien lo han hecho”, es un “qué bien me la he pasado”. “Cuando tú amas y respetas a tu público, te dará igual que haya un espectador o que haya diez mil”, reitera un Juanma tranquilo y profundamente carismático.

AmigOz, al igual que otras bandas nacidas en los agitados tiempos de la última década, ha contado, desde sus inicios, con la herramienta de las redes sociales como mediadora de autopromoción y de contacto con el público y, aunque exponen cierta nostalgia ante la pérdida, a través de los años, de una mayor y artesanal complicidad entre los dueños de las salas y las propuestas emergentes, el llamado “mundo 2.0” les hizo contactar con Santiago Vokram, ese joven prodigio que se ha convertido en el as bajo la manga de este colectivo.

Todos los integrantes de AmigOz, en cierta medida, apostaron (y siguen apostando) por embarcarse en esta aventura. Sin embargo, el caso de “Santi” implicó dejarlo todo (literalmente todo) por sumarse a este proyecto que ha contribuido en gran parte a su aprendizaje personal, técnico y a perseguir sus ambiciones y sueños de profesionalizarse en el universo de los pentagramas. Sus compañeros, que “podrían ser sus padres” (según palabras de Salva), se enorgullecen de contar con este violinista que se ha ganado, a pulso, su lugar. La lección que, por decisión unánime, han aprendido todos de él, es la valentía.

Santi

Santi

En AmigOz se pondera, por partes iguales, lo fortuito y lo planificado. Aunque su sendero, desde su origen, ha marchado sin un guion formal; cada detalle, cada nota y cada verso contiene una vivencia profunda o una experiencia que ha marcado huella en el ser humano que hay detrás de la estrofa y la melodía. Un ejemplo de ello nos lo explica Juanma, autor de la letra de “Silencio de muertos”, precioso poema (dormitado en una carpeta durante años a la espera de una melodía adecuada) que inicia con “Noche callada, noche de duelo”, y que recoge lo observado por éste durante el tiempo en el que fue trabajador en un cementerio.

Su consejo para las bandas de rock que están naciendo en Venezuela es, sencillamente, que lo vivan al máximo y que se atrevan a todo. “Lo que sea que expresen, si lo aprecian y si lo aman, sabrá llegar, tarde o temprano, a los oídos correctos, superando todos los obstáculos que pueda haber”. “Tener consciencia”, como asevera Juan Carlos Flores, “de lo feliz que se puede llegar a ser haciendo esto”, frase que podría resumir el empeño y el esfuerzo que cada una de estas personas le pone, con mimo, a esta travesía.

Finalizada la entrevista (que se sintió más como una conversación casual), comienza la magia. AmigOz nos invita a ver su ensayo de aquel día. Tienen un universo para ofrecer, un profesionalismo notable y una maestría instrumentista (que eriza la piel) que se puede detallar en Joaquín Arellano pegándole al doble bombo, en Tony enhebrando, con cuidado, cada sonido de su saxofón; en Fernando Ponce esgrimiendo tonalidades con su flauta, en Salva dando, relajado, torrentes de graves; en Chema viajando de la distorsión al sonido limpio, en Juanma entregado por completo o en Santi aportando su virtuosismo. Al momento en el que dilucidan acerca de la duración de una canción inédita que están practicando, se ve cómo funciona la democracia total entre estos amigos; toda opinión es válida, argumentada y analizada mediante la prueba.

Tony, Joaquín, Salva y Fernando.

Tony, Joaquín, Salva y Fernando.

Salimos a tomarnos unas fotos, la noche ya está bien entrada y Santi, como regalo de despedida, nos obsequia un fragmento del “Alma llanera”, ese regalo etéreo que Pedro Elías Gutiérrez legó a los venezolanos y que, dicen, se escucha más hermoso mientras más lejos se está de la tierra natal. Nos vamos satisfechos, felices y ansiosos. AmigOz se trae entre manos algo que dejará contentos a modernos, a nostálgicos y que demostrará, en el frío invernal o en el sopor veraniego, que soplan muy buenos aires para el rock.

 

Texto: Tomás Marín.

Fotografías: Mario José Maurello.

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