Luis Lanz: De estudiante en el San Ignacio a mano derecha del “Picure”.

“La comunidad estudiantil precisa un cambio que debe ser ejecutado con urgencia. El gran talón de Aquiles de los colegios privados caraqueños radica en el encapsulamiento dentro del que habita la gran mayoría de sus miembros. El desconocimiento empírico de los padecimientos del país impide, indudablemente, una oportunidad de torque verdadero”.

Estas palabras, citadas con fidelidad estricta y total, pertenecen a un ensayo realizado en 2005 por Luis Lanz, estudiante de mi jurisdicción perteneciente a la cátedra de literatura de tercer año, ciclo básico, del Colegio San Ignacio de Loyola.

(ESTA CRÓNICA ES FALSA)

Por su clara manera de expresarse, por su léxico y por su madurez; Lanz, mediante esta composición libre (que obedecía a una actividad académica de escritura creativa), capturó mi atención. El tema que trataba, con una seriedad admirable, daba radicalmente al traste con las vacuas visiones y opiniones de sus compañeros, quienes, con característica ligereza, ahondaban (valga la paradoja) en la más absoluta simplicidad de contenidos.

Cuando, dos días después, lo llamé aparte con el fin de felicitarlo por su texto; Lanz me devolvió una sonrisa tímida (sin dejar de ser franca) y me replicó: “ay, profe, felicíteme el día en que, de verdad, pueda hacer algo”.

(NO NOS DEMANDEN)

Mi trato con Lanz, aparte de lo relatado, no poseyó ningún otro pico o particularidad personal. Mas muchas veces fui testigo maravillado de sus fantásticas intervenciones (incomprensibles, en la gran mayoría de los casos, para el resto de la clase), de sus buenas calificaciones y del particular humor respetuoso que imprimía a su forma de ser. A pesar de su conocimiento, elevado para su edad en comparación con los demás, Luis no albergaba rasgos de prepotencia. Compaginaba y era querido por los estudiantes con quien compartía aula.

El 31 de julio de 2007, Luis Lanz recibía su título de bachiller (mención Cum Laude) por parte del más prestigioso colegio de la ciudad capital. Como partícipe fijo del protocolo ceremonial de graduación, presencié, en primera fila, la imposición de la medalla, el abrazo a sus orgullosos padres, la ovación ensordecedora y el anuncio en altoparlante de su elección a estudiar derecho en la Universidad Metropolitana.

(NO NOS MATEN)

Confiésome un lector compulsivo y un devorador de noticias impresas. Enterarme de los acontecimientos actuales, por medio del periódico, es un ritual casi dogmático en el hábito de mi día a día.

El 11 de enero del presente año, mientras observaba el artículo “Detenidos ocho sujetos del círculo de confianza del Picure”, publicado por El Nacional, hallo, entre los mencionados, un “Luis Lanz” de veintiséis años. La naturalidad intrínseca al caso, como es de suponer, fue achacar lo encontrado a una simple treta de la casualidad. Sin embargo, el gran contraste de este nombre con los otros implicados (por lo general combinaciones terribles), me obligó a buscar exhaustivamente, a través de internet, la relación entre los términos “Luis Lanz” y “El picure”. Luego de una hora, mi duda estaba resuelta, se trata del mismo Luis Lanz.

Soliviantado en mi intriga, apelé al único medio de contacto entre Luis Lanz y yo: la base colegial de datos de correo electrónico que, año tras año, guarda miles de direcciones (a riesgo del desuso de sus poseedores). Redacté directamente mi duda y expuse un deseo genuino de entrevistarme con mi ex – alumno, rogando que el buzón digital aún estuviese vigente y dentro del acceso de su dueño.

La semana pasada, obtuve la tan ansiada respuesta, explicándome claramente la disposición de Lanz a recibir mi visita durante un plazo máximo de diez minutos y teniendo en cuenta el obstáculo del traslado al recinto penal principal de San Juan de los Morros, prisión en la que, aún hoy, espera proceso judicial. Me rogó una confirmación de fecha y de hora, que yo le di inmediatamente.

(NO SEAN AMARILLISTAS)

El recinto penal principal de San Juan de los Morros es un lugar tenebrosamente sombrío, de paredes grisáceas agrietadas y de cercos opacados por el más lastimero óxido. Pasadas la pesquisas de rigor, fui conducido a un saloncito al aire libre en el que, pasada la espera de unos minutos, se me acercó, como en los viejos buenos tiempos, un Luis Lanz de ojos apagados, de cabello cortísimo y de respiración pausada.

La cortesía no la ha perdido, los buenos modales siguen siendo su rúbrica. En los diez minutos durante los que charlamos (que hicieron valer cada kilómetro de viaje), aprendí tanto sobre los inesperados giros de la suerte, que me considero capaz de componer un libro entero sobre dicho tema.

Muerto su padre tras un infarto fulminante en 2010, Luis, hijo único, y su madre heredaron un sinfín de deudas e hipotecas que engendraron, como resultado final, el embargo de su apartamento, ubicado en Lomas de la Trinidad, por parte del Banco Bicentenario. Este hecho les forzó a mudarse a casa de una tía residente en Turmero, en el Estado Aragua.

(LA CANTÁRIDA NO ES UNA PÁGINA DE NOTICIAS)

El abandono precipitado de la carrera de derecho movió a Luis a buscar trabajo como asistente en un taller mecánico, en el cual conoció a José, un enigmático y ambicioso joven que, inconforme con su sueldo, pudo organizar una banda delictiva y cambió su seudónimo al “Picure”. No tardó mucho tiempo en convencer a Luis mediante pingües y rápidas cantidades de dinero que se acoplaron a su necesidad de independencia y de una vida mejor.

Las sensaciones, descritas por Lanz, ante el primer hurto, el primer robo y el primer homicidio; me removieron el alma, el recuerdo y el respeto hacia un ex – aprendiz que pudo haber llegado más lejos que todos.

Finalizado el breve encuentro, se despidió de mí con un abrazo sincero. Le di las gracias por haber compartido conmigo un trocito de la increíble (realmente increíble) relación de sucesos de su vida. Él alzó la vista y, con una sonrisa tímida, me espetó: “ay, profe, deme las gracias el día en que, de verdad, pueda hacer algo”.

(NO TENEMOS PLATA NI PARA CONTRATAR UN ABOGADO)

Prof. Carlos Giménez León

Anuncios

3 comentarios en “Luis Lanz: De estudiante en el San Ignacio a mano derecha del “Picure”.

  1. la vida da muchas vueltas, siempre he dicho que detrás de todo delincuente hay un suceso, una historia que marca el camino, apartando el hecho de que esa historia pudo haber sido la mia, o la de cualquiera

    Me gusta

    1. Yo invento y escribo lo que me dé la gana, para eso la comunicación es libre. Si la gente no investiga, o retrógrados, como tú, quieren censurar, no es mi problema.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s