Dilma Rousseff: “No sé nada de cosas perdidas” (Entrevista exclusiva para lacantarida.com)

Con la mirada altiva, con la tez demacrada a causa de tantas preocupaciones y con las manos entrelazadas; Dilma Rousseff yace inmóvil. Sus ojos, fijos en la lejanía, vuelven a tierra cuando reacomoda un mal doblez en su chaqueta beige. Su soledad se denota a distancia, un perímetro de vacío la rodea mientras que, a metros, sus allegados conversan despreocupadamente. Nos concede esta entrevista.

 

Tomás: ¡Hola, Dilma!

Dilma: ¿Tú quién eres?

Tomás: Soy Tomás Marín, escribo para “La Cantárida”.

Dilma: Voy a llamar a seguri…

Tomás: Un momento, permítame recordarle que, en este instante, le conviene a usted dejar una imagen amable. Hago hincapié, pues, lo que está atravesando ahora no es ninguna nimiedad.

Dilma: Bueno, ¿qué quieres saber?

Tomás: Antes de todo, quisiera pedirle su autógrafo. Tome este cuaderno y este bolígrafo.

Dilma: Será un placer.

Tomás: ¡Muchas gracias!

Dilma: De nada.

Tomás: ¿Y bien?

Dilma: ¿Y bien, qué?

Tomás: ¿Mi cuaderno y mi bolígrafo?

Dilma: No tengo idea.

Tomás: Pero, si se los acabo de…

Dilma: No sé nada de cosas perdidas, ya bastante tendré que hablar de eso cuando me enjuicien. Sigamos, por favor.

Tomás: De acuerdo. Vayamos directo al gramo.

Dilma: ¿Al gramo?, será al grano.

Tomás: Cierto, discúlpeme, ésta pregunta la tenía reservada para los militares chavistas. Se me traspapeló.

Dilma: Jeje.

Tomás: ¿De cuánto es el botín?

Dilma: Pero ni siquiera se ha comprobado que…

Tomás: Por favor, ahórrese tiempo. Tengo hambre y quiero comer feijoada.

Dilma: Hablemos de otra cosa.

Tomás: ¿Se ha considerado usted una buena presidenta?

Dilma: Claro que sí, soy de las que piensan que todos los seres humanos somos iguales.

Tomás: Pero eso no es cierto.

Dilma: Claro que sí.

Tomás: No, siempre hay diferencias, y se lo puedo demostrar. ¿Sabe cuál es la diferencia entre usted y yo?

Dilma: ¿Cuál?

Tomás: Que yo aún estoy trabajando en mi puesto.

Dilma: Eres un…

Tomás: Hablemos de los juegos olímpicos.

Dilma: Costó muchísimo trabajo traerlos hasta aquí.

Tomás: También mucha polémica.

Dilma: Brasil gana unas medallas, y todo olvidado.

Tomás: ¿Le gustan a usted los deportes?

Dilma: ¡Claro!, de joven, solía practicarlos.

Tomás: Tengo entendido que su categoría favorita es la halterofilia, es decir, el levantamiento de pesas.

Dilma: No, ¿de dónde has sacado eso?

Tomás: Si no le gusta, tendrá usted que adaptarse. Es lo único que se practica en la cárcel.

Dilma: ¿Pero qué…¡SEGURIDAD!

 

T.M.

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