Famasloop y yo

La primera vez que vi a Famasloop tocar en vivo, fue en la sala alternativa del, para entonces no concluido, teatro de Chacao. Conocía sólo un par de canciones: “Vaca lechera”, que había escuchado en la radio; y “Al revés”, a raíz del video que nos proyectaron en la Escuela de Cine de Caracas en la materia referente al tema. Fui con María Cristina, mi novia de ese entonces, era un domingo nublado y el plan de escuchar música al aire libre siempre es agradable.

Nos sentamos en primera fila, los instrumentos estaban dispuestos sobre el escenario, la pantalla en la pared reflejaba las luces del video beam, los integrantes salieron y, luego de que Alain, vocalista, probara el micrófono con el vocablo “coquito”; comenzó a sonar “Iguana”, ese preludio envolvente que oscila entre el New Age y la electrónica. Arrancó el plato fuerte, el sonido potente de esta banda, el carisma de sus componentes, el humor, la improvisación, el rock. Salí fascinado.

Unos meses después, María Cristina me regaló, en ocasión de mi cumpleaños, entre otros bártulos, el disco “Casa 4” de Famasloop, ése nominado a varios premios a razón de que, con un lápiz que venía de obsequio, podías dibujar la portada que quisieras. Compartir los sonidos y el arte del disco era como adentrarse en un mundo de juegos, en un edén de letras y calcomanías. Famasloop, cada vez, me fue enamorando más.

He visto, incluida la mencionada, cinco veces actuar a Famasloop. Me he aprendido todas las canciones de memoria, he bailado a su ritmo, los he hecho sonar, infinitas veces, en los altavoces de mi casa. Tuve la oportunidad de conocer a Vanessa (segunda voz y todo tipo de instrumentos curiosos y extraños) y a Alain, de reiterarles mi admiración por un proyecto que inyecta tanta alegría a mi vida. Es un privilegio poder vociferar, a los cuatro vientos, que la banda favorita de mi vida es oriunda de mi ciudad.

Sé que, cuando el país cambie, se enrumbe y se organice; las canciones de Famasloop quedarán como un testimonio de ésta época tan convulsa, neblinosa y revuelta. Algún día, el “Choro dance”, “La Vaca indefinida” y “No pasa nada”; dejarán de ser tan cercanas, tan vívidas, tan presentes y tan circunstanciales; para quedar como huella musical indeleble de los malos recuerdos generados por este gobierno hostil.

Mientras tanto, Famasloop seguirá siendo una pequeña trinchera festiva, un refugio que, imbuido en el Cucú Pop (género dentro del cual se autodefine), seguirá alentándonos, consolándonos e invitándonos a luchar. No la fiera e inhumana lucha armada que nos han querido imponer, sino la batalla de la creación, del inconformismo, de la diversión; ésa que se logra con pistolas de juguete y ganas de cantar.

 

T.M.

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