Tery Logan: Pluma cándida y realismo negro

Cuánta razón llevaba Salvador Dalí cuando, en la madurez de su vida, elevó una queja referente a la complejidad hiperdiversificada del mundo moderno como desfragmentadora de la versatilidad del conocimiento en especializaciones cada vez más numerosas. En un entorno humanista que cada vez se ramifica más, resulta difícil hallar artistas que abarquen destrezas o estilos disímiles en el interior del manto de su creación.

Es allí donde Tery Logan, escritora de ficción, de microteatro, de cortometrajes, de artículos y de material para blogs; se revela como una verdadera gema dentro del panorama literario contemporáneo. Esta fisioterapeuta y experta en gestión cultural, ha construido y cosechado, en corto tiempo, conquistas y logros que, a través de sus letras, se traducen en más de siete mil seguidores que, en su página oficial de Facebook, celebran la tertulia orquestada por una por expresivas historias que, avezadas a pesar de la edad, han cosechado laureles en distintas plataformas.

El trabajo emblema de esta joven autora es la publicación del enigmático libro “Relatos de una Logan” (Editorial Fanes); un compendio de cuentos agridulces que, con irreverencia quirúrgica y certera, levitan entre la crítica tácita y el sufrimiento arrollador, entre la distopía y la iconoclasia, entre lo grotesco y lo sutil. El encuentro coincidente con Tery Logan, a través de las redes sociales, nos acercó a una amante de los buenos párrafos que, como una enóloga orgullosa, nos abrió, humilde, a través de una entrevista vía correo, una ventanilla mediante la cual explorar sus anécdotas, sus principios y el château de su obra.

Tery Logan no escribe para pasar el rato (ni para que otros pasen el rato), no hay rastros de condescendencia en sus páginas. Su intención trasciende más allá de la cultura empobrecida del like y el dislike. Ella no pide permisos o perdones a la hora de caricaturizar, de denunciar, de señalar. Sus narraciones buscan hacer mella, estimular reacciones derivadas o emparentadas con la catarsis. Dentro de su paleta amplia de renglones, entre los que hay influencias de Bradbury, de Chéjov, de Poe y de Carver; Logan se acomoda en el Realismo Negro, una postura combativa y social.

Tery Logan toma su labor muy en serio, ve al cuento como un ente propio al que debe dársele un respeto supremo debido a sus características inherentes. Nada a contracorriente en un hábitat repleto de librerías abarrotadas de romanticismos fáciles, sin renunciar por completo a los laberintos y a los tejemanejes de las relaciones amorosas. Gusta de generar emociones nacidas en el suspenso de, como lector, ser conducido por un camino sin spoilers u orientaciones sencillas. Es como una meiga que oculta una infinidad de misterios dentro de un caldero cuyo aroma es adrenalina para sensaciones que destruyen zonas de confort.

Los riesgos propios también atraen y seducen a Tery Logan. Sin estar consciente del resultado final, se ha aventurado a permear buenas dosis de humor en su material. Una novela policíaca y un cuento infantil, aún no estrenados, dan muestra de un dinamismo admirable (que recuerda, mitológicamente, a Tiresias o a Calcas) y de una creatividad que ha soltado las gríngolas. El único condicionante es la sinceridad: “si no te sale del corazón, se nota”.

Como espectadora, Tery Logan comtempla, con cierta preocupación genuina, el hecho de que el hábito lector parece ser un espectro que va desapareciendo entre los más jóvenes. Su vena de terapeuta y altruista sale a flote cuando sugiere reforzar más la perspectiva lúdica y ejemplar de los libros en los niños, para sembrar, así, una semilla de apego a las hojas que, con mimo y mucha responsabilidad, germine con el tiempo y extienda el conocimiento, el disfrute y el goce que otorga el buen leer.

Tery Logan es un pez satisfecho en su elemento ecuóreo. Se desplaza con consciencia plena de que su ímpetu y su talento han sorteado el lado “obscuro” del escritor (la falta de apoyo cuando se es novel, la soledad, el crear un público) y han salido airosos y triunfantes. “Es un trabajo sin límites, fronteras o reglas”. Se siente taumaturga capaz de ejercer la valentía de hacer lo que ama y de generar conexiones emocionales que seguirán creciendo en paralelo al ascenso de una carrera prometedora en un mundo que, quizás, no resulta tan lóbrego como lo pintó Dalí.

 

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com

 

 

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