La Almudena

Cuando me muera,

quiero que me entierren en el cementerio de La Almudena.

Quiero que mi calavera

repose lejos del Caribe, lejos de Venezuela.

Quiero que en mi siesta perpetua,

cuando los gusanos se coman mi cara fea,

rece sobre mi lápida, con letras amarillentas,

que yace un hombre mediocre lejos de su tierra.

No querré llantos, no querré ofrendas,

no querré rostros compungidos con facciones plañideras.

No dejaré testamentos, no dejaré herencias,

no dejaré una familia para lucir prendas negras.

Cuando me cubran de piedras,

quiero que esas piedras sean piedras de La Almudena.

Quiero que mi ánima se quede siempre de fiesta

caminando por sus hectáreas de paz gigantesca.

Pensaré en la Caracas bella,

en la Caracas sin temor, sin sangre y sin delincuencia.

Quiero que me entierren lejísimos de ella

para poder anhelarla y dedicarle poemas.

 

T.M.

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