¡Uníos a la catarsis popular!

Te despiertas.
Ves un nuevo amanecer.
Pero no es aquel que te prometieron con un jingle de ayer.
Es  aquel que va más allá de los tiempos perfectos teológicos.
Es  aquel que te entrompa con las realidades del “¿Qué Hacer?”

Te preparas el café, o lo que queda de él.
Lees el periódico o los que quedan, tal vez.
Te despides, sin saber si será la última vez.
Mientras la vejez de tu tez apenas aguanta el calor y la escasez.

Pero nada de eso importa.
Ya salió el que nos gusta, mentándole la madre,
¿A quién?
¡Pues a los hijos de putas!
Les dijo sus cuatro vainas bien claras.
¡Nojoda! ¡Carajo!
¡Qué arrecho! ¡Tómalo! ¡Chúpalo!
Ajá, muy bonito ¿significa que ahora puedes comprarte de todito?
Tu vida cambio por compartir ese videíto?

Definitivamente, el purgatorio se encuentra en Caracas, Venezuela.
Donde nadie vive y poco a poco no se llora.
Lo que ayer no creíamos, hoy es la norma.

Wholigan. (Colaboración)

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