Fortuny y Fortuny: Dolor, miseria y belleza

Los trazados rústicos del grabado, independientemente de su técnica (aguafuerte, aguatinta, punta seca). Líneas que estampan, desde distintas perspectivas, dolores, sueños, bellezas, miserias y alegrías. Las hazañas de Parsifal y de Sigfrido en busca de la gloria, del amor o del destino. Callejuelas nocturnas cuyo punto de fuga se halla en el candil de una farola. Peonías que hacen discutir a un grupo de señoras sobre su posible antropomorfología. Impresiones del desconsuelo más arrollador o de paisajes venecianos que, cargados de detalles, paralizaron, como una pose perenne, la jornada de un día cualquiera de sol iracundo y de trabajo cansino. Las obras de Fortuny padre y de Fortuny hijo, que se exhiben en la Calcografía nacional, se juntan pero no se funden. Cada autor conserva su estilo, su sentimiento y su gracia; se retroalimentan y se comunican.

El padre murió joven, el hijo murió viejo. El padre luchó, con sus ideas como venablos, por abrirse paso en el mundo de los salones y la bohemia; el hijo nació dentro de ese ambiente y supo explotar su ventaja y su potencial. Dejando de un lado su faceta como pintores, la muestra se centra en su producción como dibujantes, exponiendo, algunas de ellas por primera vez a la luz pública, las planchas y moldes originales que dieron libertad a que estos creadores, desarrollaran más la inventiva que la propia documentación a la que se ceñían en sus principios.

 

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Plancha del grabado “Árabe velando el cuerpo de un amigo”, de Fortuny y Marsal.

De manera similar a los Dumas (aunque, naturalmente, en ramas distintas del arte), Fortuny y Marsal (el padre) y Fortuny y Madrazo (el hijo), cuyas vidas oscilaron entre España e Italia, cosechando éxitos y respetos que se mantienen hasta hoy, sintieron, en su producción, una honda preocupación honesta y humanista en donde subyace una gran sensibilidad. Chicas delicadas de cabellos ondulantes y moriscos luctuosos, mendigos y penitentes son tratados y plasmados con el mismo cuidado que no emite juicio, sino que compone, como si de un sistema estructuralista se tratase, el rompecabezas de una realidad anclada a una época.

 

Tórculo con el que, aún hoy, se estampan los grabados.

Tórculo con el que, aún hoy, se estampan los grabados.

Hasta el 8 de noviembre, en la Calcografía Nacional de la legendaria Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, estará este último compartir entre padre e hijo, con sus similitudes y con sus diferencias; invitando, sobre todo a los jóvenes a contemplar la idea de que existe un hosco pero precioso mundo real e imborrable más allá de la enajenación de Tinder y la pantalla del móvil.

 

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com

 

Fotografías: T.M.

 

 

 

 

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