Carole Alfarah: Cenizas de la casa rota

La cicatriz de una explosión feroz y profunda a cuyo alrededor se agrupa gente incrédula y desconsolada. Una inquietante escalera de espiral en descenso, cual reminiscencia de Cartier-Bresson, en cuya base reposan polvaredas y escombros. Un caos de cristales quebrados, transparentes y ambarinos, que anuncian el cambio radical, como el final inesperado de una fiesta agradable. Una mancha de sangre espesa sobre un asfalto inundado por piedritas y por pólvora, una colilla de cigarro reposa a su alrededor, como testigo displicente en la bermeja masacre. Damasco duerme fundida en telas superpuestas suspendidas sobre una maraña de postales irónicas y repetidas, de derrota y de terror. Carole Alfarah, fotógrafa siria, muestra su visión de los conflictos, de la ética y de la vida, mediante la exposición Wa Habibi, en la Casa Árabe de Madrid.

 

Charco de sangre, tal como se aprecia en el compilado "My beloved broken home".

Charco de sangre con colilla, tal como se aprecia en el compilado “My beloved broken home”.

Ocho años tiene Carole desenvolviéndose como fotógrafa editorial y documental de manera independiente, desafiando, en muchas ocasiones, cánones marcados con el fin de convertirse en una válvula mediante la cual muchos marginados y silenciados pueden enseñar las condiciones a las que la guerra los ha reducido. El rostro cambiante, hasta hacerse irreconocible, de su país en el último lustro es la escaleta sobre la que se cimientan las temáticas gráficas de la serie “My beloved broken home” (que más tarde se convierte en Wa Habibi), ganadora de la beca de la Escuela Española de Cine y Fotografía, que le permitió a la autora proseguir, en Europa, su desarrollo y su pasión.

 

Hogar perforado por las balas.

Hogar perforado por las balas.

Las imágenes de una cotidianidad herida pero que sigue adelante son cuidadas en composiciones detalladas sin caer en el sensacionalismo. La construcción de una memoria es el leitmotiv que quedará impreso en el futuro, cuando todo sea un trago amargo y se tratará de impedir que estos hechos vuelvan a suceder. Carole escarbó, arriesgando su propia vida, dentro de bélicas entrañas, aún cuando ella, y tantos otros, detestan la violencia. Cuenta, en los testimonios, acerca de la amiga que, en una terraza, la abrazó llorando, como en una pesadilla, haciéndola llorar a ella también, desdibujando la línea entre el periodismo y la humanidad, haciendo brotar cuestiones de filosofía y ética.

 

Afiche de la exposición, en la entrada de la Casa Árabe de Madrid.

Afiche de la exposición, en la entrada de la Casa Árabe de Madrid.

Hasta el 20 de noviembre podremos asomarnos en el cruento ambiente de las consecuencias de una guerra lamentable y actual que, cada vez, va adquiriendo mayor universalidad. Carole Alfarah seguirá, como ella misma dice, del lado de la gente, hasta que el mundo lo permita, hasta que el cuerpo aguante.

 

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com

 

Fotografías: Jaime Villanueva y Carole Alfarah

 

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