El vigilante de la urbanización Miranda

Por alguna razón de paranoia, casi nunca daba mi identidad real en las casetas de vigilancia. El hecho de que un desconocido anotara, en una lista arrugada, mi nombre, mi cédula y mi placa, me generaba una incomodidad fácilmente comprensible para quien haya visto en las noticias (o experimentado personalmente) la cantidad de secuestros (o falsos secuestros) originados gracias a la complicidad de los encargados de seguridad del lugar en el que se desarrolló el crimen.

Como la inventiva nunca ha sido mi fuerte, utilizaba el mismo alias como respuesta a la siempre incómoda pregunta de: “¿me puede dar su nombre, por favor?”. “John Galt”, exclamaba yo, siempre engolando la voz como un gesto residual del respeto que me generaban esas dos palabras. John Galt es uno de los personajes principales de “La rebelión de Atlas”, encantadora y “maligna” novela de Ayn Rand, cuyos textos y filosofía siempre han despertado, en mí, la más genuina sonrisa.

En la gran mayoría de las ocasiones, el vigilante de turno, con cara de confusión, hacía la misma solicitud: “¿me lo puede deletrear, por favor?”, petición a la que siempre accedí de manera amable. En otros casos, el lapicero, sin hacer cuestionamientos, anotaba sobre el papel la inscripción errónea: “Yon Gal”, “Llon Gals”, “Jon Gá”. Al momento de levantarse el brazo metálico y recibir el “adelante”, mi cara siempre esbozaba esa tonta expresión de los vencedores en el modesto terreno de los engaños sutiles.

Fue una tarde despejada y fría de diciembre cuando, como tantas otras veces en las visitas a mis amigos de la Urbanización Miranda, un vigilante, lista y bolígrafo en mano, hizo la pregunta de rigor. “John Galt”, contesté, como si fuese un aprendido acto de rutina. Cuando la sonrisa le hizo mover su bigote espeso y me miró con aire triunfador, supe que algo no marchaba como era habitual. “No me digas”, me dijo con aire retador y apretando la lista contra su amplio pecho. “Sí le digo”, contesté sin pensar. “¿Como el de la rebelión de Atlas?”, me replicó. Con la boca abierta y con mi mano tratando de encubrir mi cara de vergüenza, me di por vencido. “Ése mismo. Perdón, es que nunca me ha gustado dar mi nombre, soy muy paranoico”. “Ja, no te preocupes, hijo. Te dejo pasar porque es una buena novela, sólo necesito tu nombre y tu cédula”.

A los pocos segundos de avanzar, un gesto de su mano, que pude ver en mi retrovisor, pedía que me detuviera. Pisé el freno y, con nervio, esperé su llegada a la ventana del piloto. “Por cierto, hermanito, ahorita estoy leyendo ésta, se llama “Al este del edén”, de pana es una joya”. “Ah, claro, es que Steinbeck era un maestro, por algo ganó el Nobel”, le dije. “Coño, pero tú lees bastante, ¿no?”. “Lo que puedo”, le repuse. “Bueno, hermanito, cuando quieras te acercas un día y hablamos de buena literatura, pero, eso sí, me das el nombre que es”.

 

T.M.

Facebook.com/LaCantarida

 

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50 comentarios en “El vigilante de la urbanización Miranda

  1. Recuerdo cuando estudiaba en el conservatorio un vigilante que se paraba detrás de la puerta del salón de análisis musical a escuchar… y el tipo deliraba con los contemporáneos más duros. Siempre venía a preguntar por los nombres de las obras y los anotaba en una libretica.
    Lección: No se debe despreciar a la gente…

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  2. Ja, ja, ja, nunca sabemos por donde salta la liebre. Interesante que alguien que realiza ese trabajo se dedique al gran placer de leer, todo un “bibliotecario” Lo que más anhelamos es tiempo para disfrutar de tanta literatura y ellos lo tienen.

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  3. No me explico, porque desde mayo 2016 para pasar a laurbanización ya ose da nombre sino hay que entregarlacédula y ellos la pasan por ellecgtor y la devuelven. Así llevan uncontrol de cédilas por el lector

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  4. No me explico, porque desde mayo 2016 para pasar a la urbanización ya no se da nombre, sino hay que entregar la cédula y ellos la pasan por el lector y la devuelven. Así llevan un control de cédulas por el lector. La vigilancia de esa urbanización es de lo mejor que conozco.

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  5. Guao. Que buena anécdota. Siempre he dicho que los vigilantes tienen demasiado tiempo como para leer y cultivar la mente y derrotar la oscuridad de la ignorancia, el principal problema del mundo en este momento. Una humanidad que no nutre el intelecto de las formas que sean no logra pensar y si no piensa, una sociedad está dispuesta a ser manejada al antojo de los que ejercen el poder.

    Que buena lectura. Gracias.

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  6. Me encantó este relato… esos pequeños detalles que nos hacen sonreír todo el día, que nos acercan unos a otros y nos devuelven un poco la fe en la humanidad.-

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  7. Buenísimo. Me pasaba lo mismo con un vigilante en mi último trabajo en Venezuela. Pensé que no teníamos nada en común y me equivoqué, un montón de libros nos unían. Luego, él me prestó muchos ejemplares para compartir en charlas de muchas horas.

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  8. Excelente articulo, me encanta cuando cuentan lo bello de las personas y nuestro país, ya que cada día escuchamos tantas cosas malas. Te cuento yo vivo en la Miranda y los vigilantes TODOS son unos SEÑORES, sobre todo los mas antiguos. He sido testigo de tantas cosas maravillosas que han hecho por todos los que habitamos ahí. Por ejemplo, los postes como todos saben pertenecen a CORPOELEC, pero como te imaginaras el servicio brilla por su ausencia, pues mis maravillosos vigilantes se las ingeniaron para hacer que enciendan por la entrada principal ha tenido un corto circuito desde hace varios años y las celdas foto eléctricas no funcionan, pues mis queridos vigilantes todos los días se arrodillan para lograr el encendido en cada uno de los postes de la entrada. Siempre tienen buena actitud son muy respetuosos y agradables!!!! Muchas gracias por el articulo me alegraste el día!!!

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  9. Muy buen relato. Creo que muchos profesionales, letrados y mucha gente preparada se han visto en la tarea de tomar trabajos para resolver algo mas de sus economías personales, creo que este es un caso mas. Tal vez ese vigilante sea un profesor universitario que debido a la critica condición salarial opto por dicho trabajo, o tal vez, sea un propietario de la misma urbanización que no vio con malos ojos hacer un trabajo que le brindaría doble satisfacción.

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  10. Puede ser hasta una persona sin hogar y ser la persona más instruida y con mayor número de lectura en libros verdaderamente interesantes, q agrada leer esta historia de verdad q me alegro el día. Bendiciones a cada uno de ustedes

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  11. Ya no importa si el relato está basado en la algo real o cercano a lo que puede pasar. Está sencilamente bien escrito y es grato; nos deja la reflexión de un buen cuento.

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  12. Y nos deja una enseñanza, no debemos subestimar a nadie.. esos son momentos que te hacen sentirte orgulloso del ser humano. ¡Muy bueno! gracias por compartir..

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  13. Sin palabras….! Siempre acostumbro a dar la mismas respuestas que el señor John Galt a diferencia que no tengo un seudónimo en particular, trato siempre de solo decir un nombre diferente al mio…por lo cual con este relato me identifique mucho con los personajes de la historia…Gracias por compartirla

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