Cinco obras de teatro que deben ser leídas (VI)

“El maravilloso traje de color vainilla”, de Ray Bradbury.

Un grupo de hombres decide reunir sus escasos ahorros para, entre todos, comprar un elegante traje que los haga lucir como personas apuestas y exitosas. La condición es que a cada uno le será asignado un día de la semana para utilizarlo. Cuando uno de ellos, el mismo día de la compra, rompe las reglas asignadas para poder andar con la indumentaria, se generará la angustia, el caos y la exposición de la dependencia humana hacia las trivialidades. Esta deliciosa y ágil comedia escarba en la balanza donde se sopesan los intereses personales, la ilusión de éxito, los gozos y la amistad.

 

“Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny”, de Bertolt Brecht.

Tres cazafortunas, quienes por accidente quedan varados en mitad del desierto, deciden fundar una ciudad de belleza y placer a través la cual poder adquirir el dinero de los visitantes. Cuatro amigos, atraídos por la buena publicidad del lugar, arriban a Mahagonny (el nombre de la ciudad) y se deleitan con los cigarros, con el whisky y con las mujeres. El hartazgo de uno de ellos que, cansado de la trivialidad, desea huir, sumado a la noticia de un devastador huracán que se aproxima, hará que los habitantes de Mahagonny decidan vivir en el extremo del hedonismo y la anarquía. Es inolvidable la línea que resume el comportamiento: “Primero, no olvidéis, viene el comer y luego viene el amor. El boxeo no te puedes perder y el beber es también de rigor. Pero, sobre todo, debes saber que aquí todo lo puedes hacer. (Si tienes dinero, eh)”.

 

“Vuelo sobre el océano”, de Bertolt Brecht.

De manera fabulada, se relata la aventura emprendida por Charles Lindbergh sobre el Atlántico, a bordo del legendario “Espíritu de San Luis”, en su intención de unir América y Europa mediante un vuelo aéreo. Las condiciones, las personas (en su mayoría escépticas) y los elementos, mediante ingeniosos diálogos y reflexiones, debatirán con el aviador y lo harán dudar acerca de las capacidades humanas. Esta pieza breve es un himno dedicado a los logros humanos en la carrera por alcanzar lo que, durante largos siglos, se ha considerado imposible. Entre tantos fragmentos destacables, uno de los más simbólicos es el dicho por la Niebla: “Ahora tienes 25 años y temes pocas cosas, pero cuanto tengas 25 años y una noche y un día temerás más. Pasado mañana y 1.000 años después seguirán existiendo agua, aire y niebla pero tú no existirás”.

 

“La vida es sueño”de Calderón de la Barca.

Clásico indiscutible de la literatura universal, la pieza narra, en versos que engloban una filosofía sorprendente y humanista, dos historias paralelas y entrelazadas. La primera (y principal) es la de Segismundo, hijo del rey y legítimo príncipe heredero que, gracias a una advertencia del hado, es encadenado, durante toda su vida, en el interior de una mazmorra bajo el cuidado y la educación de Clotaldo. El rey (Basilio), desafiando al hado, liberará a Segismundo y le hará gobernar con la particularidad de hacerle creer que todo se trata de un sueño. Por el otro lado, Rosaura, una aventurera acompañada del gracioso Clarín, llega a Polonia (lugar en el que se desarrollan los hechos) a resolver una afrenta. Una rebelión popular apoya a Segismundo, desencadenando la trama que ondea en el poder de los seres humanos y su capacidad, mediante la nobleza, de enfrentarse a la predestinación. Todos los monólogos en esta obra son una gema, pero es particularmente especial uno de los discursos finales de Segismundo: “¿Tan parecidas a los sueños son las glorias, que las verdaderas son tenidas por mentirosas y las fingidas por ciertas? ¡Tan poco hay de unas a otras, que hay cuestión sobre saber si lo que se ve y se goza es mentira o es verdad! ¿Tan semejante es la copia al original, que hay duda en saber si es ella propia? Pues, si es así, y ha de verse, desvanecida entre sombras, la grandeza y el poder, la majestad y la pompa, sepamos aprovechar este rato que nos toca, pues, sólo se goza en ella lo que entre sueños se goza”.

 

Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela.

Una deliciosa combinación de comedia y thriller. Mariana, joven hermosa y aristocrática, se siente imantada al misterio que encierra Fernando. Fernando, por su parte, tiene, gracias a Mariana, una especie de alucinación obsesiva marcada por coincidencias referentes al suicidio de su padre, ocurrido años atrás. Poco a poco, la trama, que cuenta con personajes entrañables y divertidísimos, va encaminándonos hacia un crimen terrible que involucra a personajes bañados en la locura y en el delirio: un despechado que lleva 21 años sin levantarse de la cama, un criado temeroso de no perder la cordura, una mujer que, cada sábado, espera ladrones en su casa, una muchacha que desapareció sin dejar rastro. Hermosa es la reflexión que hacen Mariana y Fernando con respecto a la idealización del amor: “Por otra parte, el romanticismo, el idealismo excesivo, es como una dolencia que conduce a la soledad. ¿No lo sientes tú así?”. “Completamente. Porque se cree y se espera tanto del amor, que, a fuerza de creer en él y de esperar de él, falta decisión para personificarlo en nadie…” “¡Justo!”  “…por miedo a que la persona elegida esté demasiado por debajo de la soñada”.

 

Tomás Marín

Periodista residente en Madrid.

tomasmarind@hotmail.com

 

 

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3 comentarios en “Cinco obras de teatro que deben ser leídas (VI)

  1. Grandes recomendaciones, nos encantaría que nos leas y nos dejes tu opinión en Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea para compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.

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