Liberen a Patricia

La llovizna, precisa y sutil, cubre los cascos y las viseras de los policías; el agua, al ser transparente y ciega, acaricia siempre a todos por igual. El severo cansancio se refleja en todos los rostros, protestar en dictadura es un decatlón que requiere velocidad, temple y adrenalina. Los estudiantes de la Universidad Simón Bolívar, con los ojos abiertos y húmedos, son obligados a permanecer de rodillas con las manos atadas a la espalda; se forma, una vez más, la lamentable imagen del intelecto sometido por el látigo del salvajismo. Un torpe camión avanza y retrocede hasta alcanzar un ángulo adecuado en donde pueda abrir, con comodidad, sus puertas traseras; allí los estudiantes serán trasladados a prisión. Un reportero, protegido detrás de un quiosco, toma ráfagas de fotografías; vivimos en un país en donde los bandoleros no se preocupan por esconder sus fechorías.

Patricia, al ver los explícitos gestos lascivos que le profiere uno de los oficiales, hace arcadas y aparta la mirada; sólo le faltan dos semestres para graduarse como ingeniera de materiales. Una bomba lacrimógena, arrojada con cálculo vil, estalla y da volteretas sobre el asfalto; los periodistas, tropezando y tosiendo, huyen del lugar y buscan resguardo. Un sargento, con paso intencionadamente lento y los pulgares dentro de los bolsillos, se acerca al oído de Patricia y de la compañera que tiene a la izquierda; ambas tiemblan, saben que nadie puede ayudarlas.

-Tengan claro que, si se portan mal y no colaboran, las violamos entre todos, guarimberas malditas. Nosotros no comemos cuento.

El gritar, para drenar o para denunciar, puede convertirse en una sentencia de muerte o en una desaparición tortuosa que podrá pasar desapercibida ante los ojos de la sedada opinión pública; las bestias llevan las reglas en este tablero de juego. El rostro de Hugo Chávez, impreso en un pendón gigante y desteñido, sonríe con displicencia mientras mira hacia el cielo; el germen de la guerra civil está más satisfecho que nunca con su legado.

Tomás Marín

Facebook.com/LaCantarida

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