Venetiola delenda est

Hay una barricada obstruyendo la entrada a Terrazas del Ávila. El fuego, contenido dentro de unos barriles de aluminio, exhibe su naranja saturado mientras danza desafiante bajo las casi imperceptibles gotas de lluvia. Un negruzco charco de aceite, anárquico e indetenible, va extendiéndose a lo largo y ancho del asfalto. Los vidrios rotos, de distintas tonalidades y grosores, están esparcidos en una fila que, con el pasar de la tarde, ha perdido un poco su forma. Una larga hilera de vehículos, piloteados por conductores molestos y desesperados, profiere cornetazos que se pierden entre el resto de la bulla.

Una señora de unos cincuenta años, sin preocuparse siquiera por sacar las llaves, se baja de un Yaris azul y camina rápido hasta donde se encuentran los “manifestantes”.  Su cuerpo, tembloroso y expresivo, está al borde del colapso. El sudor, que le empapa toda la cara, se mezcla con los restos de su maquillaje. Sus ojos, suplicantes y almendrados, tienen la esclerótica rosada y van a llorar de impotencia. Sus elegantes y recién estrenados zapatos de tacón contrastan con toda la escena.

-Por favor, tienen que dejarme pasar. Mi papá está en el carro y lo estoy llevando a que se haga la diálisis.

-Lo siento, señora. Si la dejamos pasar a usted, todos querrán pasar.

-¿Pero no ves que es importante? Mi papá se puede morir.

-El país es el que se está muriendo.

-Por favor, te lo suplico.

-No. Lo siento muchísimo por tu papá.

-Pero…

-Déjenos protestar tranquilos. Al menos nosotros estamos haciendo algo.

-¿Quieres dinero?

-¿Cuánto llevas ahí?

Veinticinco mil bolívares cuesta el “salvoconducto” que permite a la señora atravesar, con su Yaris azul y con su padre anciano y enfermo, un pequeño boquete que dos encapuchados abren para ella. Varias lágrimas de ira van cayendo por sus mejillas, tersas a pesar de la edad. Sus puños, contraídos y venosos, golpean el volante repetidas veces, como en una violenta catarsis ante la situación que acaba de vivir y el dinero que tan fácilmente perdió. La barricada, que va convocando a más y más personas, vuelve a cerrar sus fauces. Un joven, luego de contar los billetes, los deposita en una caja de zapatos junto al resto de la plata “recolectada”.

La dictadura ha sacado lo peor de los venezolanos, quienes aprovechan la desventurada situación para pisotearse y gozar de beneficios a costa del sufrimiento ajeno. Evidentemente, hay excepciones a la regla; pero lo que se ve, en su mayoría, es una histeria colectiva que la mano asesina del gobierno usa como escudo para defender sus atrocidades. Muchos venezolanos, en el país y en el exterior, no son más que pequeños tiranos, Maduros en miniatura que no escatimarán medios para conservar u obtener privilegios, lujos y comodidades; que no dudarán en imponer sus costumbres y su propia visión de cómo, supuestamente, Venezuela es lo máximo.

A veces siento que Venezuela no merece perdón alguno. Todos ansiamos ver caer al estado totalitario que ha desmembrado y arrasado con todo, pero las heridas sociales tardarán siglos en sanar. Habría que suprimir todo y comenzar de nuevo. Durante los últimos años de las guerras púnicas, hubo un dotado orador romano, llamado Catón, quien siempre finalizaba sus discursos con la frase “Carthago delenda est” (Cartago debe ser destruida). La Venezuela próspera (si es que puede haberla de nuevo) deberá partir de ese principio, de renovar completamente el cáncer compuesto por el egoísmo, la ingenuidad y la flojera. Sólo así estaremos blindados contra los Chávez y Maduros del futuro. Venetiola delenda est.

 

Johanna Eco.

(Las opiniones de la autora no necesariamente reflejan el punto de vista de La Cantárida.) (O quizás sí.) (Sapos todos.)

 

 

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2 comentarios en “Venetiola delenda est

  1. Un amigo , en el día de ayer 20 de Julio dia Jueves para ser mas exacto. médico iba rumbo a su residencia en Santa Fé , ya finalizada su consulta, a los guarimberos se le presenta como Médico. a lo que ellos no alegan sino que sin medir palabras le parten el vidrio de la puerta del copiloto, y no conforme, le robaron el celular.

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