El sobrevalorado pueblo de Venezuela

Ayer, Leopoldo López, en un mensaje enviado a través de un video breve, se dirigió al país con el fin de señalar, desglosar y analizar varios puntos de importancia ciudadana y, por ende, política. En repetidas ocasiones, con serenidad y determinación, hizo alusión al “pueblo de Venezuela”, refiriéndose a sí mismo como un líder cuyo objetivo principal consiste en materializar la voz de la mencionada masa popular. La alocución, viralizada rápidamente como era de esperarse, tuvo una duración de unos quince minutos.

Es muy común, analizando material audiovisual, textos y campañas a lo largo de la historia, encontrar infinidad de referencias al pueblo venezolano, siendo, en su totalidad, un compendio de alabanzas y adulaciones hacia un grupo deificado que, a fin de cuentas, es el que decide (o decidía), con sus votos y con su voluntad democrática, el camino a recorrer y la dirigencia que se encargará de administrar los recursos, que de por sí provienen del subsuelo, para que ese trayecto sea lo más armónico y progresista posible.

Uno de los puntos de inflexión que siento que deberían hacerse en Venezuela es el de suprimir el papel del pueblo como un ente pensante que “sabe” lo que es mejor para él. El pueblo de Venezuela (y siempre hay que recalcar que existen excepciones) ha demostrado inmadurez política, económica, social y de consciencia. ¿Por qué acatar ciegamente la “voluntad” de estas personas? ¿Es que acaso no fue el pueblo de Venezuela el que, en la época independentista, se iba con el bando que le ofreciese más regalías? ¿Es que acaso no fue el pueblo de Venezuela el que, cuando el Caracazo, saqueó más licorerías que tiendas de alimentos? ¿Es que acaso no fue el pueblo de Venezuela el del “Hamos vivío mar” y el de Aleida Josefina? ¿Es que acaso no fue el pueblo de Venezuela el que siempre pidió y pide pero nunca hace o hizo? ¿Es que acaso no fue el pueblo de Venezuela el que se dejó llevar por adecos y copeyanos con canciones estúpidas y promesas de bonanza para dejar la puerta abierta al comunismo que hoy nos destroza? ¿Es que no fue el pueblo de Venezuela el que bailó y celebró las bufonadas durante la fiesta de Chávez y ahora abre los ojos cuando se han acabo las serpentinas? ¿Es que no es el pueblo de Venezuela el que, cuando la crisis y la dictadura duelen más y golpean más duro, lo que ha hecho es pisarse entre sí?

Siento que la mayor tragedia que acontece en este momento, cuando el gobierno agoniza y es probable que sus altos jerarcas terminen guindados por el cuello en una plaza pública, es que el  pueblo de Venezuela no ha aprendido su lección luego de cuarenta años de democracia relativa y dieciocho de populismo barato y miseria en crecimiento. Los dirigentes, siempre más astutos que el ciudadano de a pie, siguen sabiendo por dónde cojeamos. Todos somos culpables de la debacle. Chávez está muerto, Maduro morirá también, pero la demagogia y la flojera, que los engendró, siguen más vigentes que nunca.

Políticos maduros podrían estimular a que el pueblo madurase también, pero siempre vamos a preferir los regalos que el trabajo o los estudios. Hasta que alguien no salga de ese círculo vicioso de prepotencia y remilgo de campaña, da igual lo que se haga, da igual la sangre que se derrame, dan igual los videos que haga Leopoldo o las amenazas que haga o deje de hacer Diosdado. Estaremos condenados.

T.M.

 

 

 

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Hay quienes dan la vida por el país mientras que otros esperan a San Clap, que cada día viene más reducido.

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