Instrucciones para decapitar a tu país

Imagina que estás en 1998. Imagina que aún vives en ese país que tenía anaqueles llenos y a donde iba Ricky Martin a cantar cuando estaba en su época de mayor gloria y de mayor esplendor. “Un pasito pa’lante, María”. Repite el mantra de “Dios proveerá”. Dios siempre provee. Dios se ocupará del país. Tú no tienes que hacer nada. Quizás de vez en cuando persignarte. Pero no mucho más. No te preocupes en formarte como un mejor ciudadano ni en aprender cosas nuevas. Dios quiere a Venezuela. Dios hará todo el trabajo.

También puedes citar al siempre célebre Eudomar Santos. “Como vaya viniendo, vamos viendo”. “Es que así somos”, puedes repetir también. No hace falta trazar planes a futuro. ¡Si sólo se vive una vez! ¿Para qué perder el tiempo en planificar las cosas? ¡La vida es una fiesta! Venezuela es un país bendecido. Venezuela tiene petróleo y mujeres bonitas. Venezuela tiene paisajes turísticos y calidez humana. La fiesta nunca podrá terminar. Los malos tiempos quedaron atrás.

No te esmeres en formar hijos tontos. No te esmeres en formar hijos respetuosos de la ley. Nadie quiere ser un huevón. Repítele a tus hijo que debe ir a la caza de las oportunidades siempre que éstas se presenten. No importa que esas oportunidades impliquen algo deshonesto o algo que perjudique a un tercero. No lo reprendas cuando se robe el lápiz o el sacapuntas de un compañerito del preescolar o del colegio. No hace falta devolverlo. Es sólo un lápiz. Es sólo un sacapuntas. Es sólo un niño.

También puedes siempre echarle una mano en sus estudios como tal. Ayúdale a ir por caminos sinuosos para sacar una nota decente. Déjalo que haga trampa en las materias inútiles que no le servirán en el futuro. ¿Qué tiene de malo sacar una chuleta con las fórmulas algebraicas en un examen de bachillerato? ¿De qué sirve el álgebra en la vida? ¡Si el hijo va a ser un empresario como el papá! ¡Qué orgullo! Por fortuna, los empresarios no deben ocuparse de números. Para eso están los contadores y las secretarias.

Mira como a un extraño a ese militar con voz de mala intención que ha ganado tantos espacios en los medios de comunicación. No te preguntes por qué los medios de comunicación le dan tanto espacio a un militar golpista. No lo hacen por ganar rating ni porque están cocinando guisos extraños con él por debajo de la mesa (Aunque él les va a dar la puñalada luego de tomar el poder). ¿Qué tiene de malo darle voz y voz y voz a un militar que es responsable por más de un centenar de muertos en dos golpes de estado?

Recuerda que los corruptos siempre son los políticos. Recuerda que los malos siempre son los políticos. Nunca el corrupto ni el malo eres tú. Los dirigentes de un país jamás reflejan al pueblo. Nunca son sus espejos. Tú no fuiste un corrupto de mierda cuando aceptaste aquel pago en negro para facilitarle aquel contrato a tu amigo menos capacitado pero más avispado. ¿Para qué abrirle la puerta al más capaz cuando puedes abrírsela a tu compadre? Tu hijo tampoco fue un corrupto cuando se copió de su compañero más estudioso que él en aquel examen sobre las leyes de Mendel. No fue un corrupto cuando parasitó a otros y no hizo nada en aquella exposición sobre la vida de Rómulo Betancourt.

Celebra siempre los cuarenta años de “Let it be” que ha habido en Venezuela. Pide orden. Pide justicia. Pide paz. Pide abundancia. Pero nunca te preocupes de ir a buscar esas cosas. Alguien tiene que llevarlas a ti. No tienes que construirlas. Alguien tiene que llevarlas a ti. No tienes que sembrarlas. Alguien tiene que llevarlas a ti. No importa quién sea. No importa si es Salas Römer o si es Chávez. No importa si son los copeyanos o son los adecos. Alguien tendrá que ocuparse.

Nunca cuestiones lo que ves en la televisión. Nunca faltes a tu novela de las nueve ni a las emisiones de Radio Rochela o de Cheverísimo. Crece y deja que tus hijos crezcan con esos dogmas de la pantalla chica del televisor de la sala. Acostúmbralos a que la mujer tiene que ser bella y tener las tetas grandes. Acostúmbralos a que los gays son seres desviados y que siempre se pueden hacer chistes sobre ellos. Acostúmbralos a que sólo cierta gente tiene cosas que decir.

Recuerda cerrarte y hacer que tus hijos se cierren a la gente rara del colegio y del entorno en general. Imagina si tu hijo se hace amigo de aquella bicha rara que escucha rock pesado y lee libros intensos sobre Quiroga y Jardiel Poncela. Esa bicha rara nunca se maquilla y nunca se peina. Seguro es lesbiana. ¡Qué horror! No practiques ni enseñes la tolerancia o el saber escuchar. No practiques ni enseñes el tender la mano a los otros. Que se resuelvan ellos como puedan.

Acostúmbrate a que el gobierno te dé todo. Tú lo mereces todo. Eres pobre y vives en un barrio. Por eso lo mereces todo. No hay que trabajar por conseguir lo que quieres. El militar golpista tiene razón. Otro es el culpable de tu desgracia. Nunca tú. Malditos ricos. Maldita burguesía. ¿Qué es burguesía? No hace falta saberlo. Tú sólo repite la consigna y tiende las manos como en la comunión para que te lluevan los regalos. Ese militar debe ser bueno. Promete cosas. Habla bonito. Se ríe. Cuenta historias sobre su niñez. Se parece a ti. Promete dinero y promete redistribuir la riqueza. Vótale. Él te dará quizás una neverita para que puedas tomar agua fría. Agua como la que toman los ricos y los culpables de que estés como estés. ¿Verdad que es bueno ese militar? ¡Casi no se nota que es un asesino!

Y nunca admitas que te equivocaste. Nunca admitas que te dejaste llevar por la facilidad o por el resentimiento. Nunca admitas que fuiste un títere del odio. Que preferiste usar el fuego para incendiarlo todo y no para calentarte. Que nadie pueda si tú no puedes. Que nadie tenga derecho si tú no tienes derecho. Que nadie disfrute si tú no disfrutas. No aprendas que el barrio es un obstáculo a superar. Siente orgullo de él. No es transitorio. No hay nada de malo en vivir de un techo de zinc para siempre. Algún día todos serán tan miserables como tú. Y te morirás de hambre o de falta e medicinas. Pero sonriendo. Porque ganaste la pelea.

T.M.

 

 

 

 

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