Instrucciones para terminar con tu novia en el Tolón

Ya el corazón no te palpita como antes. Ya tus labios no tiemblan cuando se acercan a los labios de ella. Ya no hay mariposas en tu estómago cuando la tienes cerca. De broma si hay un gruñido cuando tienes hambre. Ya la relación no es lo mismo. Quizás la mató la rutina. Quizás la mató Caracas. Tantas precauciones y tantas posibilidades y ganas de irse del país matan a cualquier relación. Pero aún ninguno de los dos se atreve a darle la estocada final. El tiro de gracia. Y es necesario. Hace falta eutanasia. Y tú decides ser el que desconectará el cable. No son buenas las relaciones cuando están agonizando.

Mándale un mensaje a su Whatsapp. Tiene que ser un mensaje sin caritas y sin corazoncitos. Nada. Tiene que ser lo más frío posible. Frío como tu congelador sin comida a causa del comunismo. Frío como el corazón de Cilia Flores. “Epa. Quieres salir?”. Escríbele sólo eso. Más nada. No le respondas rápido si te contesta rápido. Tira tu celular en tu cama. Vete a dar una vuelta. Pero ten cuidado con los hampones. Quieres que ella quede soltera. No quieres que ella quede viuda.

“Sí va”, es la respuesta que recibes. Fría. Muy fría. Quizás más fría que la tuya. “Perfect”, le respondes. Completa con un “Te paso buscando en media hora”. Ni siquiera te duches. No hay agua de todas formas. No olvides que vives en comunismo. Y que el agua en comunismo es un lujo. Ve a buscar las llaves de tu carro. Las que tienen el llavero todo viejo y desconchado de FerreTotal que te dieron hace años cuando acompañaste a tu papá a comprar un taladro para hacer unas remodelaciones en el baño. No te des tanta prisa en buscarlas. Tómate tu tiempo.

Has llegado hasta la casa de ella. Le mandas un “baja” en minúsculas a su Whatsapp. Frío. Recuerda ser muy frío. Polar. Ella se tarda cinco minutos. Diez Minutos. Quince minutos. Te provoca pisar el acelerador. Pero no lo pises. Las mujeres siempre se tardan un poco. A ti no te gusta esperar. Podrías argumentar eso para terminar la relación. Que ella se tarda siempre mucho y que a ti no te gusta esperar. Pero es muy sencillo. Es muy estúpido. Allí está. Ves su figura a través de las rejas de su edificio de Santa Mónica. Tiene una blusita muy cuchi. Y tiene una sonrisa muy cuchi. Te da un beso frío. Antártico. Bajo cero.

Dirígete hacia el Tolón. Las Mercedes es un buen lugar para comenzar y para terminar relaciones. Las Mercedes es laberíntica y lenta. Es congestionada y enredada. Como las relaciones de pareja. ¿Recuerdas que la conociste a ella en una cena en Las Mercedes con unos amigos de unos amigos de tu universidad? ¿Te acuerdas de esos tiempos? Eran hermosos. Te palpitaba el corazón. Te temblaban los labios. Las mariposas hacían guarimbas en tu estómago. Busca donde estacionarte. Hay muchos puestos vacíos. Poca gente puede ir ahora a los centros comerciales. Parecen desiertos. Comunismo.

Piensa en cómo le vas a soltar la bomba. Te da miedo hacerle daño. Ella es buena y es bonita. ¿Te has fijado en lo perlado de sus dientes perfectos cuando sonríe? No puedes ser como los del Estado Islámico. No puedes soltar las bombas de repente. Así como así. O quizás sea la mejor solución. Te da miedo que se ponga a gritar o a llorar. Es normal. No quieres llamar la atención. Pregúntale si quiere ir al cine. Invítala a ver Los Vengadores. Podrías terminar la relación en la escena en la que el Capitán América salta por encima de los edificios. Dile algo como: “Qué buenos efectos especiales tiene esta película. Por cierto. Creo que deberíamos terminar”. Bueno. Quizás no sea prudente.

Llévala a comer a la feria del Tolón. Quizás no es la mejor feria de comida del mundo. Pero tiene su encanto. Tiene un local de pizzas en donde las pizzas son decentes a pesar de que quienes te atienden tienen cara de bulldogs furiosos. No es para culparlos. Imagina trabajar en un local de pizzas y no poder comerte la mercancía. Ella acepta ir a comer las pizzas. Elige un buen asiento. Un asiento desde donde no se puedan oír sus llantos cuando le termines. De todas formas no crees que se lo tome tan mal. ¿Quién puede ponerse triste mientras se está comiendo una pizza?

Pide una pizza mediana para los dos. No. No la pidas para los dos. No es bueno compartir en una situación así. Podrías mandar una señal errónea de que la relación está en buen síntoma. No señor. Pide dos pizzas pequeñas. Que se entienda bien el mensaje de que van a tener todo separado a partir de hoy. Ya luego irás a buscar tu ropa a su casa. Luego de que hayas terminado con ella. Eso sí. El refresco tendrán que compartirlo. Que el comunismo azota y no tienes dinero para comprarte el lujo de dos Pepsis.

Deja que se coma un slice de su pequeña pizza. Es mejor que reciba el sablazo con algo en el estómago. Las malas noticias se reciben mejor con la pancita llena. ¿Verdad que se ve demasiado cuchi cuando come pizza? Mira cómo se le inflan los cachetitos. Mira cómo toma refresco con el pitillo. Tiene demasiada gracia. Tiene demasiado encanto. Menos mal que pronto te vas a liberar de ese encanto. Serás una persona libre. Las mujeres se te van a abalanzar encima. Ya no tendrás que rendirle cuentas a nadie. Quizás no sea todo tan malo a partir de ahora.

No pierdas más tiempo. Inicia una conversación y luego encauza esa conversación hasta la noticia de que quieres terminar con ella. “Debo decirte algo”, le sueltas. Vas a disparar a matar. Pero ella termina la frase. “Es mejor que terminemos. Desde hace tiempo no me siento cómoda”, te dice. Te dice también que no la lleves a casa. Que ella tiene dinero para pagar un taxi. Te da un beso de hielo en la frente. Un beso que parece un granizado. La miras alejarse. ¿No es la mujer más bonita del mundo? Es una cuchi. Era la mejor novia del mundo. Estalló la bomba antes de que la lanzaras. Síguela con la mirada hasta que baje las escaleras eléctricas y la pierdas de vista. Sabes bien que ella no mirará atrás. Vete a dar una vuelta antes de irte solo en tu solitario carro que aún huele al shampoo de manzana que ella usa. Vete a dar una vuelta. Anda. Y no te preocupes por los hampones. Da igual si te disparan en medio del pecho. Tienes el corazón despedazado y vacío de todas formas.

Tomás Marín

Adaptación libre del texto “Dejar a Matilde”, de Alberto Moravia.

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