Instrucciones para enfrentarte al bully de tu salón

Métete la camisa por dentro. Quédate tranquilo y respeta a todos los de tu entorno. Estudia bastante y sé aplicado. Ten ganas de mejorar y de aprender. No seas un mediocre como tus compañeros. Es una de las fórmulas perfectas para ser presa en un colegio lleno de depredadores. Préstale atención a la maestra. Pareces más interesado en las clases que ella misma. Parece que se ha perdido el amor por la pedagogía. Ella habla de las gestas de Marco Polo con la misma emoción con la que un niño mira una inyectadora que se prepara para entrar en su brazo.

Aguanta los insultos que te hace el bully de tu salón. Idiota. Gafo. Nerd. Débil. Es más corpulento que tú. No tendrías oportunidad contra él. Nunca. Sus brazos se entornan y dibujan músculos cultivados. Los tuyos parecen tallarines a medio cocinar en la casa de un chino pobre de la selva. Todos tus compañeros adulan al bully de tu salón. Hace morisquetas que no son graciosas. Pero tus compañeros se sienten más seguros con la garantía de seguirle la corriente. Tú sólo trata de ignorarlo. Quizás se canse y elija a otra víctima.

Estira tu paciencia como si tu vida dependiera de ello. Estira tu paciencia como si fuera un chicle. Trágate que el bully de tu salón diga en público que tu mamá trabaja a medio vestir en una calle de reputación dudosa. No lo acuses. Sería peor. Los maestros se reirían de ti. Tus compañeros se reirían de ti. Cuenta el tiempo que falta para que suene el timbre. Cuenta el tiempo que falta para que acabe el año. En vacaciones no te tendrás que topar con el bully de tu salón. No le digas a nadie que cada vez te sientes más triste y desesperado. No le digas a nadie que tus notas han caído (como un avión impactado por un rayo) porque cada vez le tienes más pavor al colegio.

Devuelve la bofetada. Devuelve la bofetada por primera vez. La paciencia no es eterna. Hay un silencio sepulcral que flota sobre los pupitres. Se podría oír a una mosca contándole a otra mosca un secreto en susurros. El bully de tu salón se soba la mejilla izquierda. Tu rebelión sonó como un globo explotando sobre su cara porcina. Sé alquimista con tu hartazgo. Sé alquimista con tu rabia y con tu miedo. El bully no se quiere quedar así. Te ofrece una pelea para cuando suene el timbre de la salida. Es una cita.

Límpiate el sudor de la frente. Siente cómo se eleva tu adrenalina. Tus compañeros te rodean formando un gran círculo. No te espantes por el griterío que pide golpes y (preferiblemente) sangre. No estás solo en ese círculo. También está el bully de tu salón. Las ganas de destrozar se le ven en la cara y se le notan en el aliento que parece echar humo. Se está arremangando la chemise. No reces. Rezar es en vano. Los dioses no te sacarán de ahí ni te transportarán mágicamente a tu cuarto. Nunca habías deseado tanto estar tranquilo en tu cuarto. Tu cuarto es el refugio perfecto. En tu cuarto puedes ser tú sin que nadie te amenace. Podrías estar leyendo sobre los argivos y los troyanos mientras escuchas un disco de rock. Podrías estar jugando con Mario Bros mientras se hornea la pizza en la cocina. Regresa a la realidad. Regresa rápido. Cierra los ojos. Ahí viene el primer golpe.

 

Tomás Marín

 

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