Oda a los perros

Comida sin sabor.

Voz sin emoción.

Pero la fuerza en mí

me prohíbe desistir

en el porvenir,

en el sin-sentir.

Y caer en la amargura,

así tenga que morir

y volver a nacer.

 

Será la última vez

que dormiré de pie,

que amaré sin ver

y sentir con la piel.

 

Cumplir con los tiempos,

con metas, objetivos y cuotas

para ser acreedor en ultratumba

Y tener buen crédito

sobre lápidas en bruma.

Y cobrar intereses

fuera de vida.

 

Será la última vez

que dormiré de pie,

que amaré sin ver

y sentir con la piel.

 

Y si existiré,

existiré para poder ver

con razón de ser y sentir.

Por canciones sin fin,

por conversaciones ilustres,

por vinos sin fondo

y mejillas fuera de foco.

 

Será la última vez

que dormiré de pie,

que amaré sin ver

y sentir con la piel.

 

Mostrar la edad con gusto.

Las emociones sin tapujos,

sin doble-sentidos

o agendas ocultas.

Genuino y profundo,

con uno y con todo el mundo.

 

Será la última vez

que dormiré de pie,

que amaré sin ver

y sentir con la piel.

 

Estrujar el aire,

dominar el baile

de calor con color,

estática y furor

 

Será la última vez

que dormiré de pie,

que amaré sin ver

y sentir con la piel.

 

Ignacio Rangel

 

 

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