Cristina Domínguez: Arte sin medias tintas

Una inventiva certera, bien pensada, sin dejar de lado una rendija por donde se filtra, dosificadamente, lo espontáneo y el azar. Trazos e impresiones que se pasean sutiles, como bocanadas de humo cromático, entre la geometría, el cinetismo y el art nouveau. Composiciones complejas, que evocan el imaginario de Escher, y sencillas figuras fondo de muy mimada estética, al estilo de la escuela psicológica de la Gestalt. Cristina Domínguez cuenta con dos herramientas poderosas que cortan la maleza a su paso: la experiencia de toda una vida impregnada por el dibujo; y las ganas de experimentar con todo tipo de materiales y corrientes.

 

Grabado creado por Cristina Domínguez.

Dibujo creado por Cristina Domínguez.

Cristina tiene una sonrisa grande, bonita, contagiosa, sincera, atenta. Tiene las manos manchadas en medio de la creación de un estampado. El taller, con sus químicos y sus tórculos, es como un patio de juegos en donde se siente cómoda, concentrada y feliz. Le gusta ser didáctica, compartir el método, los pasos y los procesos a medida que los va ejecutando. Le brotan las ganas de enseñar y, entre sus metas, está dirigir su propio centro de grabados. Aprende con y de sus compañeros mientras, con un carisma natural, conversa con algunos de ellos acerca de texturas, claros y obscuros.

 

Cristina en el proceso de creación de un estampado.

Cristina en el proceso de creación de un estampado.

En 2016, su obra “F.L.U.O.R.” fue galardonada en el Certamen de Arte Gráfico para Jóvenes Creadores, premio convocado, entre otras instituciones, por la prestigiosa Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cristina respeta, sin embargo, todos sus trabajos por igual; los admira y, con mucha humildad (tan carente en los artistas contemporáneos), está orgullosa de todos y cada uno de ellos, pues representan un mundo independiente en una persona única.

 

F.L.U.O.R.

F.L.U.O.R.

Cristina asume el reto, apoyada por una familia que confió en ella y le dio libertad para distenderse en su aventura, de saltar la muralla que divide al arte hobby del arte profesional. Se lamenta de que la gente haya perdido mucha capacidad de impresión y aún considere actuales a las vanguardias de principios y mediados del siglo pasado. “Uno de los problemas de los españoles es que, quizás, nos creemos muy poquita cosa, eso permea en los movimientos que pudieran erigirse”, dice. Ella predica con el ejemplo y celebra, a la par que espera algún día auspiciar, canales que estimulen y contribuyan al desarrollo de las canteras de artistas y creadores.

Allende a todos los obstáculos, ella apuesta ciegamente por transitar, emprender y creer. Cristina tiene la certeza de que, tarde o temprano, “el arte se hará”; y es mejor dejarse guiar por las inquietudes desde el principio, así sea en el tiempo libre. Disfruta de la literatura profunda, del cine de autor y de cualquier manifestación que aporte, trascienda y haga trascender. En su talento y en su constancia se esconden gemas y la clave para alentar y comprender que España aún tiene mucho potencial y que, a pesar del desaliento, hay una constelación que fulgura y orbita en medio de la tormenta.

 

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com

 

Fotografías: Tomás Marín

 

 

 

 

 

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Algún día Taschen hará libros sobre nosotros.

El sábado vino a visitarme una de las personas que más admiro. Arribó con un vestido corto negro, con unos zapatos de goma, con su novio y con la iridiscencia tranquila de los cultores sin pretensión.

Apartando a mis amigos más cercanos, quienes, básicamente, viven conmigo durante los días de fiestas y de tertulias, ella fue la primera en llegar a la plaza doméstica del salón principal del edificio.

Desde la primera vez que estreché su mano descolorida, tuve la certeza sosegada de que nos convertiríamos en buenos conocidos. Felicitome ella a raíz de una exposición que hice en la universidad (acerca de la teoría de McLuhan sobre los medios “calientes” y los medios “fríos”) que presumía la mezcolanza, en la misma presentación de Power Point, de Guido Von List, de Alejandro Jodorowsky y de los ingredientes necesarios para preparar una pizza.

Ella comparte, al igual que yo, un convencimiento absoluto en la entrega de la vida al arte. Ella tiene buenos gustos (en su mayoría británicos) que, en ocasiones, comentamos en nuestras charlas por Facebook. Ella, si sigue encauzada (o quizás en la falta de cauce radica su soltura), llegará lejos en el ramo que decida escoger.

Varias veces le he dicho que, junto a otra gente de nuestro entorno cercano, estamos destinados a la grandeza, al quiebre de los esquemas y a la inmortalidad. Que Taschen, la legendaria casa de investigación editorial, imprimirá textos sobre nosotros que reposarán en andamios polvorientos (la mayor aspiración que puede existir) junto a Puvis de Chavannes, a Gentileschi, a Seurat, a Brueghel y a tantos más. Ella sonríe, no me importa si no lo cree. Es una certeza, como cuando el Oráculo de Delphos afirmó que Sócrates era el hombre más sabio de Atenas, como cuando Lucheni desenfundó la aguja.

Por ahora, ella está en mi reunión de cumpleaños, preludio de nuestro dardo en el porvenir, prólogo de que el mundo barrunta nuestra ira. ¡Qué honor se siente, desde ya, el verte con tu vestido corto negro, con tus zapatos de goma, con tu novio, con tu vaso de plástico repleto de alcohol y con tu iridiscencia tranquila de los cultores sin pretensión!

T.M.