Reseñas Cantáridas: “La Buena Terrorista”, de Doris Lessing: La ansiedad por ser rebelde.

“La Buena Terrorista” es una novela de la escritora británica Doris Lessing. Es cierto que Doris Lessing no nació en Gran Bretaña como tal. Lessing era hija de un militar inglés que, para el momento del nacimiento de Doris, se hallaba de misión en lo que actualmente es Irán. Luego de esto, vivió, hasta los 30 años, en lo que actualmente es Zimbabwe. La vida de su padre, y las vivencias propias de Doris, la atrajeron siempre hacia los temas políticos. La Buena Terrorista fue publicada en 1985, cuando la autora contaba con 66 años de edad.

La Buena Terrorista, como bien lo indica su título, se trata de un gran oxímoron, de una contradicción, de una paradoja. ¿Puede ser bueno un terrorista? es una pregunta que, aunque no se expone directamente en ninguna página, pareciera estar allí, como flotando a lo largo de toda la novela. Hay varios temas que se tocan a lo largo de la trama. Hay temas humanos, como la soledad y la pertenencia. Entiéndase una pertenencia a un grupo, sea un grupo de compañeros, de amigos, o un grupo familiar. Hay temas políticos, como el terrorismo propiamente, y su aplicación. Otro tema que se toca en la novela, también político, es la izquierda, las resistencias, especialmente las llevadas a cabo por las juventudes comunistas, casi siempre soñadoras, fantasiosas y amantes de la utopía. Se tocan otros temas más locales, propios del Reino Unido del momento, como el IRA, el famoso Irish Republican Army, grupo independentista asociado no pocas veces al uso del terrorismo.

La Buena Terrorista es una historia de pocos personajes (aunque existe una cantidad considerable de personajes casi referenciales que no adquieren ningún protagonismo en la historia). Esto hace que, a lo largo de sus casi 500 páginas, los pocos personajes que se desenvuelven a través de la trama puedan desarrollarse bien. Los personajes de La Buena Terrorista, para bien o para mal, al menos en mi opinión, están muy bien dibujados y son entrañables, aunque muchos de ellos nos resultan abrumadoramente chocantes. La protagonista de la historia es Alice, una muchacha de clase media/media alta cuya historia comienza con su llegada a un squat, una especie de casa okupada como las que podemos ver en España. Aquí comienza lo que viene a ser el primer oxímoron o contradicción del libro. El desenvolvimiento de una muchacha (que no es una muchacha tampoco, tiene más de treinta años) en una vida comunal, alejada de las comodidades de la vida de clase media o media alta. Es cierto que no es la primera vida comunal que tiene Alice, quien ya ha vivido en otros squats y tiene ciertas facilidades para adaptarse a los mismos. Una de las grandes piedras en el zapato, por llamarlo de alguna manera, de Alice es Jasper. Jasper es un muchacho más joven que ella, que ya ha vivido junto a ella mucho tiempo, incluso mientras Alice aún vivía junto a su madre, y hacia quien Alice desarrolla una auténtica dependencia emocional. De hecho, una de las grandes batallas de Alice, tanto antes de que inicia la trama como luego de ésta, es la lucha contra casi todo el mundo quien ve en Jasper a una especie de parásito inútil que frena a Alice más que la ayuda, mientras Alice ve en él a una especie de héroe o de dios, a pesar de que Jasper, uno de los personajes chocantes a los que me he referido anteriormente, es prepotente con ella, casi nunca la trata con cariño y jamás la mira con ojos de amor de pareja. Esto, no pocas veces, despierta en Alice, sobre todo cuando se siente triste o frustrada, el deseo de dejarlo, de abandonarlo a su suerte. Pero nunca puede, su dependencia emocional no se lo permite.

Hay dos personajes que me parecieron, particularmente, los mejor trazados, los mejor descritos, los más entrañables. Estos personajes son casi uno solo, ya que, a lo largo de toda la novela, casi siempre están juntos. Es una pareja de lesbianas que no podrían ser más disímiles entre sí. Una de ellas es Faye, quizás el personaje más característico de toda la novela. Es una muchacha muy chocante, pero tiene siempre un no sé qué de encanto que hace que no la puedas terminar de odiar. Faye, quizás, de todos los personajes de la novela, es quizás la más mala, la que alberga más resentimiento y odio. Por otro lado, se nos va revelando como una chica sufrida, que lo ha pasado realmente mal a lo largo de su vida. Lessing, la autora, se encarga siempre de resaltarnos, casi en cada aparición que tiene Faye, su belleza física, única y abrumadora. La pareja de Faye, el otro elemento de este binomio de personajes, es Roberta. Roberta, como he señalado, es todo lo contrario a Faye. Es gruesa, grotesca, hombruna y bonachona. Tiene una dependencia brutal hacia Faye, su pareja. La dependencia de Roberta hacia Faye asemeja un poco a la de Alice hacia Jasper, pero mucho más intensa. Cuando Faye tiene una rabieta o una pataleta, es Roberta quien se excusa por ella. Cuando Faye llora, es Roberta quien la consuela. Roberta se ha convertido en una especie de madre para ella. Y muchas veces Faye, aunque se nos deja en claro que la ama, no es recíproca con todo el sacrificio que Roberta hace por ella.

Aunque toda la trama siempre va de la mano de Alice, la protagonista sin ningún tipo de duda, la historia nos es narrada a través de un narrador en tercera persona. Este narrador tiene la capacidad de ahondar tanto en los pensamientos como en los sentimientos de todos los personajes, sobre todo de Alice, naturalmente, aunque éstos no expresen estos pensamientos ni estos sentimientos con palabras. De vez en cuando, el narrador se permite (aunque esto sucede sólo unas dos o tres veces en toda la novela) emitir alguna opinión acerca del comportamiento de tal o cual personaje, o de un contexto histórico mucho más macro que está relacionado con el comportamiento de dicho personaje en ese momento.

La cronología en la narrativa de La Buena Terrorista no es particularmente complicada. La historia va siempre hacia adelante en un ritmo constante que, en algún momento, nos puede parecer un tanto uniforme y hasta lento. Sin embargo, sobre todo con el personaje de Alice, se utiliza mucho el recurso de la analepsis, es decir el retorno a sucesos pasados, en este caso a manera de recuerdo. Casi todas las vueltas al pasado que hace Alice, en su memoria, ensimismada, traen a colación a otro personaje que, a mi parecer, es esencial en la trama. Este personaje es Dorothy, la madre de Alice. Dorothy es un personaje que presenta otro de los grandes contrastes en la trama. Es un personaje venido a menos. En sus recuerdos, en el pasado de su niñez y de su adolescencia, Alice asocia siempre a Dorothy, su madre, con muchos de sus recuerdos más felices. Pasteles, mimos, juegos, fiestas. En el presente, ya ninguna se soporta. De hecho, hay un devastador diálogo, cerca de las páginas finales, entre Alice y Dorothy, en el que capitalizan todas sus vivencias de madre e hija. Curiosamente, luego de este diálogo, si pensábamos que la novela tenía un ritmo que podría parecer lento, de repente la trama se acelera de una manera avasallante, como si alguien hubiese presionado un botón de turbo. De hecho, las últimas 40 páginas de la novela podrían ser extraídas de la misma y formar una especie de relato aparte, un relato realmente fuerte. Aunque, en honor a la verdad, las últimas 40 páginas, a pesar de ser dinámicas, rápidas, violentas, perderían muchísimo sentido si no tuviésemos ya tanta familiaridad con los personajes que aparecen en éstas. También es necesario destacar la habilidad de Lessing para poder desarrollar, sin aburrirnos nunca, mucho más de la mitad de la historia dentro de una misma casa. En este caso es la casa número 43, el famoso squat en el que vive Alice junto a sus compañeros. De hecho, es admirable que, no pocas veces, cuando un personaje sale de la casa 43, no volvemos a saber de él hasta que regresa a la misma. Es como si, de alguna forma, nosotros también habitásemos en el squat.

El estilo narrativo de Doris Lessing, al menos en esta novela, es bastante limpio. No tiene grandes metamensajes más de los que están implícitos en las mismas explicaciones a lo largo de la trama. Es un lenguaje ameno y bastante coloquial que, de hecho, muchas de las críticas que tuvo la novela, al momento de publicarse, se basaban en la simplicidad de su lenguaje, considerada excesiva por algunos críticos. También está bastante empapado de diálogos, generalmente cortos, de casi todos los personajes. En estos diálogos, podemos apreciar que existen notorias diferencias entre los distintos personajes. Distintas maneras de expresarse, aunque circunden un mismo tema.

Como he mencionado anteriormente, la novela está fuertememente influenciada por su mismo tiempo y por su misma circunstancia. El resurgimiento de las juventudes comunistas en Gran Bretaña, la influencia de la Unión Soviética en ésta. Pero el hecho que realmente inspiró a Doris Lessing a escribir “La Buena Terrorista” fue un atentado que hubo en 1983, apenas dos años antes de la publicación de la novela, en la tienda departamental Harrods. Este atentado, llevado a cabo con un coche bomba, fue adjudicado al IRA, el controversial grupo izquierdista que aboga, entre otras cosas, por la independencia de Irlanda (y de Irlanda del Norte) con respecto al Reino Unido.

Tomás Marín

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