5 obras de teatro que deben ser leídas (XI)

“Cielos”, de Wajdi Mouawad.

“Cielos”, si somos ortodoxos con las instrucciones de montaje y con las acotaciones del texto, es una obra de difícil puesta en escena. “Cielos”, para una presentación domo debe ser, requiere ciertos aspectos técnicos como proyecciones y efectos de sonido. Está dividida en breves episodios que nos presentan una trama devastadora. “Cielos” es un dardo punzante que refleja el sentir y la frustración de mucha de la juventud de nuestro tiempo, que, muchas veces, no encuentra un suelo sólido sobre el que asentarse. Un grupo de personas tiene la difícil tarea, en total aislamiento, de descrifrar las pistas de un gran ataque terrorista que supuestamente está en proceso de planificación y cuyas claves se hallan en distintos poemas y, quizás, en un cuadro de Tintoretto, clásico pintor manierista. La historia nos lleva y nos trae tanto a la resolución del conflicto como a las relaciones de los invstigadores con sus seres queridos. Es una obra profundamente pesimista que forma parte de la tetralogía “La sangre de las promesas”, obra del mismo autor. Uno de los mensajes descifrados a los autores del ataque refleja un delicado tacto poético: Mirad la sangre: ¿Quién ordena que sea vertida? ¡Los padres, los padres! ¿Quién la vierte? ¡Los hijos, los hijos! Todo hombre que mata aun hombre es un hijo que mata a un hijo”.

 

La ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht.

Esta pieza, sin duda la más famosa del autor (aunque no, por ello, necesariamente la mejor). Se ha representado millares de veces a lo largo y ancho de todo el mundo. Sin duda, el arma más poderosa de esta pieza es la música, compuesta por el genio Kurt Weill, músico colaborador de Brecht en distintas ocasiones. La ópera de los tres centavos es una adaptación un tanto libre de “La ópera del mendigo”, pieza teatral y operística del Siglo XVIII cuya autoría es de John Gay. La historia nos inmiscuye en un Londres empobrecido en donde conoceremos a uno de los personajes más entrañables en la historia del teatro: Mackie el Navaja (Mack the Knife en inglés o Mackie Messer en su versión original, en alemán). Este pícaro, ladrón y asesino, contrae matrimonio con al coqueta Polly, hija del gran administrador de los mendigos de la ciudad. El Señor Peachum, padre de Polly, junto a su esposa, al ver mancillado su honor, se embarcan en una venganza contra Mackie, el cual confía, una vez más, en su suerte. Aunque, quizás esta vez, ésta no le sonreirá tanto. Un diálogo entrañable es el que sostiene el Señor Peachum con Brown, jefe de la policía: “¡Así que considera a nuestros jueces sobornables, Señor Peachum!”. “¡Al contrario, señor Brown, al contrario! Nuestros jueces son absolutamente insobornables: ¡No se les puede comprar con nada para que hagan justicia”.

 

“El mendigo, o el perro muerto”, de Bertolt Brecht.

Esta es una de las obras más cortas de Brecht. Es, más que una obra en sí misma, una pieza de teatro breve. Sin embargo, es una de las más concisas en la bibliografía del autor. Cuenta solamente con dos personajes, ambos contrastan duramente y no pueden ser más disímiles. El primero de ellos es un emperador. El segundo es un mendigo. Ambos sostienen una conversación que contiene mucha filosofía moral. El emperador celebra que ha obtenido un importantísimo triunfo frente a un enemigo. El mendigo se encuentra desconsolado por la pérdida de su perro. Una de las mayores punzadas contra el poder se ve claramente cuando el emperador pregunta al mendigo (sin aún haberle revelado que es el emperador): “¿Qué opinas del emperador?”. Y el mendigo responde: “El emperador no existe; pero el pueblo cree que hay uno y un hombre cree que es él”. 

 

“Madre Coraje y sus hijos”, de Bertolt Brecht.

Sin duda, “Madre Coraje y sus hijos” es una de las obras más emblemáticas del teatro de todos los tiempos. El historiador de teatro español César Oliva la colocó entre las obras con más influencia en la historia del arte escénico. Madre Coraje es una vendedora que va con un carromato lleno de mercancías que va vendiendo en medio de una guerra que, aunque en teoría es la Guerra de los Treinta Años, acaecida en el Siglo XVII, posee muchas referencias y similitudes con las guerras modernas. Un lado de Madre Coraje, en medio de su aventura, no desea que la guerra termine, ya que ésta la beneficia económicamente a ella. Por otro lado, la guerra amenaza con arrebatarle a sus hijos, ya que éstos, directa o indirectamente, participan de ella. Esta paradoja se deja ver en uno de los monólogos más emblemáticos que pronuncia Madre Coraje: “Las victorias y las derrotas de los peces gordos de arriba y las de los de abajo no siempre coinciden, en absoluto. Hay casos incluso en que, para los de abajo, la derrota se ha traducido en un beneficio. Se ha perdido el honor, pero nada más. Recuerdo que una vez, en Livonia, nuestro capitán recibió tal paliza del enemigo que, en la confusión, conseguí un caballo blanco del bagaje, que tiró de mi carro durante siete meses, hasta que vencimos y me lo requisaron. En general se puede decir que a nosotros, la gente corriente, la victoria y la derrota nos salen caras. Lo mejor para nosotros es que la política no se agite mucho”.  

 

“Madre (El drama padre)”, de Enrique Jardiel Poncela.

De todas las obras que escribió Jardiel Poncela, quizás ésta fue la que más desagradó a los críticos, quienes la catalogaron de “inmoral” y de “inverosímil”. De hecho, Jardiel Poncela hace un proemio a “Madre (El drama padre)”, en donde defiende, a capa y espada su comedia. Para empezar, la intención de Jardiel Poncela con esta obra fue dar un sablazo, o arrojar un dardo, a lo que él consideraba dramas sosos y bobos que se presentaban en Madrid. Según Jardiel Poncela, estos dramas (muchas veces tan cursis) eran los que deberían ser considerados realmente inmorales. La trama de “Madre (El drama padre)”, no tiene nada de especial. Es una obra de segunda categoría si la comparamos con piezas del autor como “Las cinco advertencias de Satanás”. Cuatro supuestas cuatrillizas contraerán matrimonio con cuatro supuestos cuatrillizos. El hermano de la supuesta madre de las supuestas cuatrillizas llega para decir que los ocho son hermanos. Y una serie de personajes, que entran y salen, van montando y desmontando estas hipótesis, muchas veces confundiendo al espectador. Aún así, la obra (que es su intención) arranca más de una carcajada, ya que está repleta de chistes realmente ingeniosos. Más que la obra en sí misma, llama mucho la atención la crítica feroz que hace (irónicamente a la crítica) Enrique Jardiel Poncela.

 

Tomás Marín

 

 

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Cinco obras de teatro que deben ser leídas (I)

1.- “Historia de una escalera”, de Antonio Buero Vallejo:

 

La frustración perenne y amarga de un grupo de personas forzadas a convivir sin poder materializar sus ambiciones y sueños. Décadas y décadas transcurren alrededor de una serie de habitaciones ubicadas en torno a una vieja escalera. Las ilusiones efímeras que rodean a la juventud y a la vejez son espejismos que se reciclan paralelas al polvo y al olvido que va clavando sus zarpas en la vecindad. A raíz de esta composición, el autor fue galardonado con el importante galardón teatral “Lope de Vega”.

 

2.- “Luces de bohemia”, de Ramón del Valle-Inclán:

 

Este texto, muy denso en cuanto a diálogos, visiones, ideas y personajes; expone el último día en la vida de Max Estrella, un escritor frustrado (como quien redacta este artículo). Sus andanzas en una deliciosa Madrid atestada de visiones vanguardistas, de arte y de política profunda; revelan, entre sus curiosos personajes (amigos y conocidos, algunos fielmente calcados de la realidad, como el caso del poeta nicaragüense Rubén Darío) críticas certeras a entes diversos, desde la Real Academia Española hasta los bandos españoles en la era republicana. Esta pieza se considera pionera en el género (atribuido igualmente a Valle-Inclán) del teatro del “esperpento”, un estilo lleno de pesimismo y de humor ácido.

 

3.- “Las cinco advertencias de Satanás”, de Enrique Jardiel Poncela:

 

Con pocos personajes, todos ellos embriagados de un humor particular (muy similar al de Chéjov en “Un oso” o al de Camoletti en “Boeing Boeing”, aunque, naturalmente, todos en eras distintas), se expone una situación que, mediante un Diablo carismático e irreverente (que recuerda al que utilizó Alejandro Casona en “La barca sin pescador”), pone en aprietos a Félix, un millonario que, durante toda su vida, ha buscado el amor. Su mayordomo, su amigo y sus mujeres se convierten en filósofos que van tratando, a lo largo de la trama, de evitar los vaticinios que Satanás le hace personalmente al protagonista y que, mediante la sorpresa dramatúrgica (por los enrevesados métodos en que se van cumpliendo), otorgan un muy buen sabor de boca.

 

4.- “Cargamento de sueños”, de Alfonso Sastre:

 

Una obra muy breve que exhibe una conversación (cuya condición de real o imaginaria depende del lector/espectador) entre un golpeado vagabundo y un (¿supuesto?) amigo, en la cual se va desentramando una serie de hechos macabros que desembocaron en el estado actual en el que comienzan los hechos visibles al público.

 

5.-  “Madrugada”, de Antonio Buero Vallejo:

 

Muy de “buena familia” (al estilo de Priestley), estos actos, que danzan con el tiempo de reloj, que se hace otro personaje más; nos invitan a pasar una áspera madrugada con Amalia, una imponente viuda que, sin revelar detalles acerca de su esposo, quien aún yace en la habitación contigua a la sala en la que se desarrollan los hechos, teje una serie de ingeniosas trampas a los “dolientes” para develar el misterio de las enigmáticas últimas palabras de éste, que la atormentan de sobremanera. Las posiciones y los juicios de valor pasan a segundo plano a medida que va avanzando la estratagema que, auspiciada por su criada, debe estar concluida antes del amanecer.

 

T.M.

Fotografía: Gyenes/Centro de documentación teatral de España.