Instrucciones para que no te olvide quien se va del país

Espera cinco minutos más. Sólo cinco minutos más. Va a venir. Tienes que estar seguro de que va a venir. Echa un nuevo vistazo a los pasillos del San Ignacio. Mira a las personas que intentan hacer compras con el poco dinero que les queda. Con el poco dinero que les permite el comunismo. ¿Te acuerdas de cuando el San Ignacio era un centro comercial de sifrinos? Ahora sólo es un conjunto de ruinas que hacen hasta lo imposible por permanecer fashion. Son como una modelo que tiene sesenta e insiste en vestirse de teen. Mira las vitrinas de las tiendas que antes brillaban. Ahora están opacas y sucias. ¿Viene por ahí? Aún no. Pero va a venir. Tiene que venir. Mañana se va del país.

Contesta el mensaje que te acaba de dejar tu mamá en el teléfono. El que dice “Ya se está haciendo de noche. Tienes que tener cuidado. Vuelve pronto a la casa”. Responde con un “Todo estará bien, mamá”. Agrégale una carita feliz para que se sienta un poco más tranquila. Para que no note que estás triste. Para que no note que estás frustrado porque ella aún no ha venido. Quedaron en verse frente a la tienda de perfumes. Esa tienda de perfumes frente a la que has permanecido de pie desde hace casi dos horas. Ella tiene que venir. No puede irse sin verte. Mañana se va del país.

Distráete un poco con los recuerdos que están impregnados con su cara perfecta y con sus ojos claros. ¿Desde hace cuánto es que se conocen? ¡Desde hace unos quince años! ¡Si es que estudiaron toda la vida juntos! Desde que utilizaban chemise blanca. Fue en una clase de tercer grado cuando ella llegó con su carita tierna y sus ojitos grandes. Era la niña nueva del salón. Se sentó en su pupitre. Un pupitre que estaba lleno de textos en típex y de barajitas a medio arrancar del mundial de Corea-Japón. Un pupitre que fue tu pupitre favorito desde aquel momento. Un pupitre que parecía sonreírte cuando estaba tripulado por ella.

¿Te acuerdas de la primera vez que hablaron? Fue en la cantina. Fue en un tercer recreo. Quedaba un solo cachito de jamón en toda la cantina y los dos lo pidieron al mismo tiempo. Ella te miró con ojos algo suplicantes (quizás manipuladores) y tú te derretiste como una vela en medio del peor de los incendios. “Déselo a ella, señora”, le dijiste a la cantinera. La cantinera pudo haber hecho algún comentario tierno. Pudo haber sonreído al menos conmovida por tu gesta heroica y enamorada. Pero la cantinera siempre tenía esa cara de ogro de pantano y no se dio cuenta de nada. Se limitó a lucir su cara de ogro de pantano cuando le dio el cachito a ella. El último cachito de jamón que quedaba. “Gracias”, te dijo ella.

Pensaste que podían ser cosas de niños. ¿Los niños se enamoran? Nadie lo sabe. Tu mamá te montaba un chalequeo cuando te veía suspirando y jugando con el último frijol que quedaba en el plato del almuerzo. “Ay, mi niño. Estás enamorado”, te decía con algo de orgullo y con una sonrisa. Tú te ponías rojo. Pero sabías que ella tenía la razón. ¡Si la parte de atrás de tu cuaderno tenía su nombre una y mil veces! ¡En todos los colores y fuentes! Menos mal que tu mamá no lo llegó a ver.

Comprueba el WhatsApp por trigésimo novena vez. El mensaje que le enviaste de “dónde estás???” aún tiene un solo chulito. Mira a la gente que pasa frente a ti y no se da cuenta de tu presencia. No voltees hacia la tienda de perfumes. La tienda de perfumes en donde quedaste con ella. La tienda de perfumes en donde llevas ya dos horas esperando. ¿Será que le pasó algo? No. Ya te hubiesen avisado. La muchacha que atiende en la tienda de perfumes te está mirando con algo de lástima. Quizás piensa que te dejaron plantado. ¡No voltees! ¡No la veas!

Qué rápido se hace la gente adolescente. ¿Los adolescentes se enamoran? Sí. Los adolescentes se enamoran. Y tú te enamoraste de ella. Le hiciste siempre caso omiso a la gente que decía que los amores de adolescentes no deben ser tomados en cuenta. Tú estabas convencido de que ella era la mujer con la que querías pasar el resto de tu vida. La que te flechó desde que se sentó en aquel pupitre de típex y barajitas. Creció más hermosa que nunca. Ya era otra más en el colegio. Tenía los pechos pequeños pero bonitos. Nada de ella era imperfecto. Nada de ella es imperfecto. Quizás sólo que se tarda un poco en los compromisos. Pero ella va a venir. Tiene que venir. Mañana se va del país y no se puede ir sin verte. No sería capaz.

¿Te acuerdas del dibujo que le hiciste? Ese día tenía su cara bañada con cierta melancolía a pesar de la fiesta. Habían bebido y fumado mucho. Habían celebrado que se habían graduado juntos otra vez. Primero de bachilleres. Ahora de licenciados en letras. Ella aún estaba superando la ruptura con su ex. Con su maldito ex. El que podía tocar sus pechos pequeños y bonitos cuando estaban sin envoltorio. El que tuvo por un tiempo el lugar por el que darías tu vida con tal de estar un solo instante. El que tuvo por un tiempo el lugar que nunca te atreviste a reclamar por miedo a dejar de ser amigos. Por miedo a soltarle a ella un “Eres la mujer de mi vida” que pudiese asustarla y mandar todo al infierno. Es mejor vivir de rodillas que morir de pie cuando se trata del amor. Ella tenía melancolía en su cara. Y tú la dibujaste con un bolígrafo y una servilleta. Tu obra maestra. Aunque nunca se la mostraste. Te dio miedo que le diera igual tu obra maestra.

Mañana se va del país. Conocerá a tanta gente mejor que tú. A lo mejor se enamora de un sueco de cabellera rubia que también podrá quitar el envoltorio de sus pechos pequeños y bonitos. Un sueco que se drogará con el olor a champú de manzana que suelta su pelo mientras tú luchas por conseguir pan canilla. Se va a hacer un máster a España. A lo mejor consigue un trabajo brutal. A lo mejor se olvida de ti. A lo mejor algún día viene a rescatarte y a llevarte con ella. Ella va a venir. Mañana se va del país.

La tienda de perfume cerró su santamaría. La muchacha que atiende la tienda de perfumes evita el contacto visual contigo. Se encuentra con un chamo que la esperó durante cinco minutos. A ella no la plantaron. Te da un poco de envidia. Baja hasta el estacionamiento. Métete en tu carro. Paga la factura carísima. Esperaste mucho tiempo. No preguntes qué pasó. A lo mejor decidió que las despedidas eran tristes y que no quería olvidarte. Podría ser un consuelo.

Tomás Marín.

Adaptación libre del texto “Si yo te olvidara”, de Truman Capote.

Anuncios

Instrucciones para que te odien en el exterior

Agita tu bandera y tu gorra tricolor en el aeropuerto. Grita “¡Viva Venezuela!”. Que todos te oigan. Promete que algún día volverás aunque sabes que no volverás (O no te gustaría volver). Tómate fotos en donde se vean bien tus lágrimas. Usa frases cursis para adornar esas fotos cuando las subas a las redes sociales. Coloca el emoji de la banderita de Venezuela o, si prefieres, los tres corazones. Cada corazoncito de un color de cada franja de nuestra ajada bandera.

Bájate en el aeropuerto extranjero como si fueses un miembro de la realeza. No asimiles que no eres nada todavía. Que ese “algo” en lo que te quieres convertir lo tienes que construir desde cero con mucho trabajo y esfuerzo. No asimiles que no eres nadie aún. No aceptes trabajos pequeños. Hay trabajos indignos para ti. Tú has nacido para ser ejecutivo. No te olvides de ponerte la gorrita tricolor. Todos deben saber que vienes de Venezuela. Que eres una víctima más del paraíso perdido (Nótese la referencia a Milton y la soberbia de este escritor sin mucho talento) a manos de la plaga.

Habla bien venezolano. Se tiene que notar que eres venezolano. Eres una especie protegida a pesar de que hay cientos de miles en tu misma situación y en tu mismo lugar. No te olvides de usar palabras sutiles como “Verga” o “Mamahuevo”. Di que eres de Venezuela sin que nadie te lo pregunte. Di que tú sólo eres feliz comiendo arepas y escuchando a Guaco. No hay felicidad en el bocadillo de calamares. No hay felicidad en la causa limeña. No hay felicidad en las letras de Gustavo Cordera ni en la vida del Buscón.

No te preocupes en imbuirte de la cultura ni de la historia del país que te está acogiendo. Es un honor para ese país tenerte allí. Tú has llegado a mejorar la raza. A aportar tu belleza mestiza. A inyectarla como si fuese un antídoto contra la fealdad. Has ido a hacer que los indios andinos sean menos indios. Has ido a echarle canela a los europeos insípidos. Has ido a mover las caderas y a aportar sabor. No has ido a pensar. No has ido a adaptarte. Que se adapten a ti. Ellos te deben un favor.

Ellos te deben un favor. Le deben un favor a Venezuela. Esa frase debes tatuártela si puedes. No la olvides nunca. Venezuela es la pobre madre incomprendida a la que sus hijos pródigos se le han rebelado. Todos te deben la libertad. Bolívar liberó cinco naciones y no le robó el crédito a nadie. Lo hizo solo. Luego los europeos emigraron a Venezuela y no fueron ni la sombra de trabajadores ni de educados ni de hermosos ni de sabrosones que tú. Debes ir con la actitud del señor Barriga cuando va cobrándole la renta a Don Ramón.

Júntate sólo con venezolanos. Preocúpate en ayudar sólo a los venezolanos. En el país que te está acogiendo no hay ningún tipo de problema. Su gente no sufre. Sólo tú eres la única víctima. El que haya mercados abastecidos significa que todo el mundo es feliz siempre. Significa que no hay gente padeciendo. No ayudes a nadie. A ti es al que deben ayudarte en todo. Deben darte todo gratis porque eres un exiliado. Porque eres un refugiado. Apela siempre a la lástima.

Si llegas a hacerte amigo (o pareja) de un nativo del país en el que te encuentras, debes iniciar la tarea de venezolanizarlo. Debes obligarlo a que le gusten la chicha, la cachapa, los tequeños y las hallacas. Debes enseñarle palabras y expresiones venezolanas. Debes atormentarlo todo el día con la música pavosa de Carlos Baute y con las estrofas cursis del “Llevo tu luz y tu aroma en mi piel”. Debes ser un soldado más de la cruzada venezolanizadora o, preferiblemente, un Godofredo de Bouillón criollo.

Quéjate. Critica. Señala. ¿Cómo es posible que no pongan música de Chino y Nacho en esa discoteca a la que te ha invitado tu amigo melbourniano? ¿Cómo es posible que no haya harina Pan en todos los automercados? ¡Es que esa gente no está en nada! ¿Cómo se puede tolerar que haya CacaoLat y Cola-Cao en vez de Toddy? ¡Esa gente no tiene gusto por nada! Esa gente no sabe comer. Esa gente no sabe bailar. Esa gente no sabe divertirse. Todos con semblantes tan fríos. Menos mal que estás tú para cambiar eso. No olvides que eres un cruzado. No olvides que llevas en tu pendón tricolor una foto del salto Ángel.

Compara siempre. A la gente del país que te acoge le encantará que siempre estés comparando todo con las cosas que hay en tu país. Haz especial hincapié en los paisajes. ¿Qué son las playas de Italia en comparación a “Pelúa” y a “Parguito”? ¿Qué competencia le puede hacer la sierra de Guadarrama al glorioso Pico Bolívar? Muy bonitas las cataratas del Niágara y las aguas de la Garganta del Diablo. Pero nada comparado con la cascada del Salto Ángel. ¡Eso sí es bello!

Importa las cosas buenas que hay en tu país. Sobre todo la viveza criolla. Ese país que te acoge es un país de zonzos y de ahuevoneados. Juégales vivo. Enséñales que existe un mundo que se llama el mundo “por debajo de cuerda”. No creas que esa actitud fue la que alimentó a Chávez y al PSUV. No creas que esa actitud fue, de hecho, la que nos llevó a Chávez. Seguramente al país que te acoge le vendrá muy bien tu viveza. Les hace falta a todos. ¿Para qué esperar? ¿Para qué respetar? ¡Adelante! ¡Nadie está viendo!

Tranca calles y plazas del lugar en el que te encuentres. Toca cacerolas y guinda banderas gigantes de tu país para protestar contra la dictadura. El hacer que el ciudadano llegue tarde a su trabajo (o a lo que sea que vaya a hacer) es la mejor manera de hacerte oír. A él le preocupa demasiado tu situación. Protestar y trancar calles afuera hará que Maduro y la dictadura caigan. A Maduro no le importa asesinar estudiantes. A Maduro no le importa masacrar. A Maduro no le importa desaparecer diputados. Pero le preocupará enormemente tu aporte en esa protesta de trancar calles en el exterior.

T.M.

P.D. Es posible que este artículo ofenda o hiera la sensibilidad de alguien. La Cantárida reconoce que no es fácil emigrar y, evidentemente, no es fácil escapar de una dictadura como la venezolana. Pero La Cantárida ve con preocupación ciertas actitudes de algunos venezolanos en el exterior. Esperamos que siempre seamos humildes, honestos y tratemos de ser útiles a los países que nos acogen (Porque no somos más que invitados) mientras termina la pesadilla que asola al país. Habrá gente sensible. No sean sapos. 🙂