Agostamiento: El funeral de una utopía

Un pasaje desolador, distópico, huxleyano. Un opaco punto de fuga proyectado vilmente, como una ilusión efímera de libertad en una atmósfera que da la impresión de ser tóxica. Un suelo terroso con diminutas colinas de escombros que, como piezas grises desprendidas de una antigua promesa, rota gracias a la dureza del mundo, se exponen y se arriesgan a que el espectador las tropiece. Una iluminación tenue, de una calma nihilista. Es Agostamiento, la propuesta conceptual del colectivo madrileño Basurama en el espacio “Abierto x Obras” del centro cultural Matadero.

Las pipas, símbolos del compartir y del charlar en las reuniones callejeras improvisadas, se hacen protagonistas en esta idea que surge de la siembra, junto a los vecinos de la Gran Vía del Sureste en el Ensanche de Vallecas, de siete mil girasoles a lo largo del “bulevar central”, un descampado de la zona destinado a viviendas que, al quedar a medias gracias al estallido de la burbuja inmobiliaria, se manifestó como un argumento palpable de un urbanismo que puede, a veces, llegar a ser errático y mal planificado.

En medio de toda la “obscuridad” que puede desprender el proyecto, hay un tema subyacente que salta a la palestra y se vuelve elemental: la transformación, para mejor, de la superficie de la ciudad. El arte, como mencionaba Brecht, utilizado como un martillo activo con el cual poder moldear la realidad. La participación de los vecinos en un proceso que convierte a Agostamiento no sólo en una ventana de denuncia, sino en una puerta de inclusión integral y productiva.

Hasta el 8 de enero, seguiremos todos invitados a Agostamiento, esa llamativa escena de interacción que, como una semilla (de girasol) que debe ser regada y mimada con paciencia, busca una eclosión real en una España cambiante, aún en vías de recuperación.

 

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com

 

Fotografía: T.M.

 

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“The heat wave”, una pequeña gema en el Festival de Cine de Madrid

Lo que simboliza Matadero para los amantes del arte es inenarrable. Un lugar, prácticamente, de resistencia; un ejemplo palpable de transformación encaminada hacia la cultura por encima de los obstáculos. En la Cineteca de este reconocido centro, se proyectó la primera muestra internacional de cortometrajes a manos de realizadores nóveles en el presente Festival de Cine de Madrid. Desde una hora antes, los entusiastas espectadores hacían fila para adquirir su entrada, aún cuando las puertas del recinto no habían abierto, para no quedarse por fuera en este banquete audiovisual.

“Qué suerte hemos tenido, tío, llegábamos cinco minutos más tarde y nos quedábamos sin boleto”, decía, emocionada, una alegre chica a su amigo mientras ingresaban a una Sala Borau repleta. Tras unas breves palabras de introducción, se apagaron las luces y se dio inicio con (Otto), una concisa, linda y conmovedora animación holandesa acerca de una niña y una mujer, cuyo sueño es ser madre, “enfrentadas” a raíz del cuidado de un amigo imaginario.

Venezuela fue representada por “Panorama”, quizá la más débil de la lista; historia que, ya cliché en el cine del país sudamericano y con una realización nada impresionante, narra las “peripecias” de una niña en  un entorno hostil. Por Bélgica estuvo “Figure”, un maravilloso y potente microdocumental mudo acerca de la más grande estatua construida al difunto Papa Juan Pablo II. Argentina se hizo presente con “Diamante Mandarín”, una envolvente pieza que, con la rúbrica austral de mostrar problemas sociales y con una trama simple pero bien pensada, nos hace pasar una noche con los dependientes de un supermercado amenazado por los saqueos. Rusia sorprendió con la comedia animada “La pitón y el guardia”, cinta de rasgos toscos y retazos visibles de la “antigua” crítica social soviética cuyo final expone un profundo mensaje de sacrificio y amistad.

La dulce cereza en este pastel cinematográfico corrió a cargo de Lucía Valverde, carismática madrileña que, habitando en Luxemburgo, dirigió y escribió “The heat wave”, film encargado de cerrar la tertulia y que relata, basada en la realidad y con un cuidado excepcional en lo técnico, una situación cuasi surrealista en la que un joven, cocinando mientras espera a que su pareja y su severo suegro lleguen a comer a la casa, se ve en durísimos e hilarantes aprietos cuando, por accidente, se le cierra la puerta del hogar; lo que desemboca, por casualidad, en un giro fantástico que cambia, de uno u otro modo, aspectos en la vida de todos los personajes.

En medio de tantos melodramas forzados, es un soplo de aire ver una comedia sana, fresca y sin pretensiones que, con el aditivo de estar inspirada en una anécdota familiar de la propia autora, saca una sonrisa y una satisfacción de, junto a las otras proyecciones, estar en presencia de buen cine contemporáneo, cándido, cálido y con ganas de mirar hacia el futuro, convirtiéndose, en el marco del Festival de Cine de Madrid, en un faro que ofrece grandes promesas con buenos argumentos.

Tomás Marín

Comunicador Social/Periodista Internacional

Residente en Madrid

(En busca de nuevas ofertas laborales)

tomasmarind@hotmail.com