Caracas: La Ópera (Primera Parte)

Canto I

(Tomás, el poeta (Poeta, Ja,ja,ja,ja,ja.), camina por las calles de Caracas.)

Tomás:

No sé si ya habrán notado
lo triste que está Caracas.
Pareciera que, en sus calles,
sólo corre la desgracia.

Da la impresión de que un tifón
arrasó sin dejar nada.
Sólo hay miedo, zozobra
y frustración en las caras.

Da pena el Parque del Este.
Se está incenciando el Ávila.
Nadie puede comprar pan
porque nadie tiene plata.

Mira ésos que se esconden
del plomo y de las granadas.
Nadie quiere ser número
de estadísticas del hampa.

(Aparece Wilker, el delincuente. Está armado y apunta a Tomás.)

Wilker:

Alto ahí, menor, quieto.
Es Wilker el que te asalta.
Soy el pran indiscutible
de una conocida banda.

La gente me tiene miedo,
tanto a mí como a mis armas.
Soy malandro entre malandros.
Soy el peor, el más rata.

Si te me pones, “popy”,
te pegaré con mi cacha.
Si me opones resistencia,
te mataré con mis balas.

Dame pronto el celular,
la cartera y las alhajas.
No juegues con mi paciencia,
que mi paciencia es escasa.

Tomás:

Lo siento, amigo Wilker.
A mala víctima atracas.
Hace poco me asaltaron
y me dejaron sin nada.

Wilker:

Que conste que te lo advertí.
Que Dios se lleve tu alma.
Te meteré tres disparos
por llevarme la contraria.

Canto II

(El ancla del Noticiero da sus noticias.)

Ancla del noticiero:

Son las once de la noche.
Éste es el noticiero.
Hablaremos, como siempre,
de tragedias y sucesos.

El hampa mató, este día,
a cientos de caraqueños.
En el Guaire y Parque Caiza
aparecieron los cuerpos.

A unos les metieron tiros
en la cabeza y el cuello.
A otros les dispararon
en la espalda y en el pecho.

Se apilan los cadáveres
en morgues y cementerios.
Se apilan los espíritus
frente a las puertas del cielo.

Nadie sabe, a ciencia cierta,
cómo acabará esto.
Unos dicen que, en un año,
Caracas será un desierto.

Pero no hay que sentir temor,
ni rabia, tristeza o miedo.
Recuerden que, el tiempo de Dios,
alguien dijo que es perfecto.

Pero Dios sí que ha tardado.
¿Será que Dios es lento?
Mejor no toco este tema,
por no faltar el respeto.

El gobierno asegura
que la culpa es del imperio.
La oposición asegura
que la culpa es del gobierno.

Pero ellos, mientras tanto,
pactando siempre en secreto.
Engrosando sus bolsillos
con corrupción y dinero.

Dándose la gran vida
en países europeos.
Disfrutando de sus putas
y su champán de Burdeos.

Canto III

(Tomás aparece en los infiernos.)

Tomás:

¿Qué lugar será éste?
¡Qué atmósfera tan obscura!
Todo está lleno de llamas,
de olor a azufre y de grutas.

Hay luces fosforescentes,
como las que hay en las rumbas.
Hay más grados centígrados
que los que hay en el Zulia.

Allá, al fondo, se ven almas
que se matan en disputas.
Que se dan puñetazos
y se clavan las uñas.

Los dos ojos se me abren.
Las dos manos me sudan.
¡Juro que este espectáculo
no lo había visto nunca!

(Aparece Billo Frómeta. Músico.)

Billo:

Normal que te sientas así,
estas visiones asustan.
Crepitares y demonios
dan los gritos que aquí arrullan.

Tomás:

¿No eres tú Billo Frómeta,
maestro de la música?
¿El qué compuso merengues
y alguna que otra cumbia?

Billo:

El mismo que dices, soy.
Dominicano de cuna
que fue a Caracas huyendo
de una feroz dictadura.

Y amé tanto a Caracas,
que ella siempre fue mi musa.
A ella dedico las notas
de todas mis partituras.

Duele verla destrozada,
duele verla tan sucia.
Sucursal de un cielo magro
donde los muertos abundan.

Pero sígueme, Tomás.
Seré el guía que te alumbra.
Te orientaré en los senderos
de esta intricada ruta.

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Canto a las Españas

Hay tantas Españas dentro de España,

hay tantas historias tejidas en sus entrañas.

Son tantas Españas las que yo conocí,

como la España de Lorca, de Buñuel y de Dalí.

La España república, la España monarquía,

la España de Asturias, la España de Andalucía.

La España de Cela, la España de Benavente,

la España que quiere irse para ser independiente.

La España de la anarquía, la España de los toros,

la España mezcolanza entre cristianos y moros.

La España de Amadís, la España del Cid,

la España de la bohemia que se respira en Madrid.

La España anquilosada, la España pujante,

la España que inspiró a la pluma de Cervantes.

La España prometida, la España posible,

la España de la derrota de la Armada Invencible.

La España de Alicante, la España de Albacete,

la España vanguardista de la Generación del Veintisiete.

La España pasionaria, la España de la guerra,

la que nace en los Pirineos para morir en Fisterra.

La España de Aragón, la España de Castilla,

la España de Juana la Loca llorando en Tordesillas.

La España de Babieca, la España de Platero,

la España enraizada de los Comuneros.

La España de flamenco, la España del gol,

la España de aquel imperio en donde no se ponía el sol.

La España del franquismo, la de la revolución,

la de la leyenda negra, la de la inquisición.

La España del viñedo donde labra el azadón,

la de los gritos de trece rosas muertas en el paredón.

La España manierista del paisaje de Toledo,

la España de cada verso inspirado de Quevedo.

La España de la paella en la buena cocina,

la España de Serrat, la España de Sabina.

La España de Góngora, la España de Casona,

la España de un clásico Madrid – Barcelona.

T.M.

¡Qué curiosa es la anorexia!

 

¡Qué curiosa es la anorexia!
Te ha hecho débil, te ha hecho enteca.
Ya no eres ni la mitad de la mitad de lo que eras.
Tú no comes nada y a ti te come la anemia.
¿Hace cuánto que no cenas?
¿Hace cuánto que no abres las puertas de una nevera?
Hay que abrazarte antes que desaparezcas.
Hay que ser flaca, hay que ser bella,
hay que tener un cuerpo de pasarela,
pues, más importante que el hambre, son las apariencias.

 

T.M.

Balada del dinosaurio

El tiempo es una espiral que, sin piedad, nos atropella.

De nuestro paso por la tierra, sólo quedarán huellas.

De nuestros cuerpos quedarán piezas

que los arqueólogos armarán, como a un rompecabezas.

Se acabará la fiesta, se extinguirá el jubileo,

seremos exhibiciones en distintos museos.

No valdrá nada el ahorita.

Nuestros caminares se transformarán en icnitas.

Los carnívoros más aguerridos y los herbívoros más dóciles

reposarán entre la misma piedra, convertidos en fósiles.

Pasarán los milenios, cambiará la era,

el paso de las cosas está apurado y no espera.

Investigarán nuestra dieta, nuestros gestos,

basados en los restos de los restos de nuestros restos.

Por eso ven, y cúbreme de besos,

que, mañana, seremos sólo huesos.

 

 

Balada de Yon, el pistolero

Él es el pistolero Yon,

él es Yon el pistolero.

Con su caballo de acero

va por la calle a millón

pidiendo contribución

de carácter obligatorio

y, tras mandarte al tanatorio,

se va emprendiendo la huida

con rumbo hacia su guarida

para rezarle a José Gregorio.

 

Por las mañanas trabaja

en un automercado local,

pero, culminada la jornada laboral,

después de cerrar las cajas;

Yon roba, mata y ultraja

de la manera más cruel.

Reparte tiros sin cuartel

y, cubierto de crucifijos,

va dando muerte a tus hijos

mientras abraza a los de él.

 

La muchacha está en la ventana,

su pareja aún no ha llegado.

Bastante se ha demorado,

son las dos de la mañana.

Cubierto por su bandana,

Yon ha salido otra vez

segando, en un dos por tres,

a conocidos y a extraños.

La muchacha, con quince años,

conocerá la viudez.

 

Ahí va Yon el pistolero,

sin medir a quien lastima,

con trece muertos encima,

caraqueños y extranjeros.

A este cruento bandolero

lo vieron hoy por El Hatillo

fumándose un cigarrillo

mientras hacía diligencias,

despojando pertenencias

y jalando del gatillo.

 

T.M.

Fotografía: El Estímulo (www.elestimulo.com)

 

Carta del toro al torero

Un día cambiará mi fortuna

y la vida será justa.

A la vista de una excitada turba,

te clavaré puyas

y te ensartaré agujas

para que sufras

hasta que tu sangre escurra.

Cuando chilles por ayuda,

yo me haré el que no escucha

y les diré a todos que estoy haciendo cultura.

 

T.M.

La Almudena

Cuando me muera,

quiero que me entierren en el cementerio de La Almudena.

Quiero que mi calavera

repose lejos del Caribe, lejos de Venezuela.

Quiero que en mi siesta perpetua,

cuando los gusanos se coman mi cara fea,

rece sobre mi lápida, con letras amarillentas,

que yace un hombre mediocre lejos de su tierra.

No querré llantos, no querré ofrendas,

no querré rostros compungidos con facciones plañideras.

No dejaré testamentos, no dejaré herencias,

no dejaré una familia para lucir prendas negras.

Cuando me cubran de piedras,

quiero que esas piedras sean piedras de La Almudena.

Quiero que mi ánima se quede siempre de fiesta

caminando por sus hectáreas de paz gigantesca.

Pensaré en la Caracas bella,

en la Caracas sin temor, sin sangre y sin delincuencia.

Quiero que me entierren lejísimos de ella

para poder anhelarla y dedicarle poemas.

 

T.M.