¿Cómo conseguir una novia francesa y cuchi que te saque de Caracas?

Hacen contacto en uno de esos grupos de Facebook de gente extraña. Uno de esos grupos de Facebook de aficionados a la literatura de Víctor Hugo. Es en un post acerca de uno de los pasajes de Los Miserables. Tú comentas un detalle un poco obscuro acerca de la dulce Cosette. Cosette es tu personaje favorito de Los Miserables. Ella le da corazoncito a tu comentario. Ella luego responde un complemento a ese detalle un poco obscuro que tú aportaste. Un detalle realmente rebuscado. Un detalle que sólo puede ser entendido por los verdaderos amantes de la literatura de Víctor Hugo. Como ella. Como tú.

La stalkeas un poco en su Facebook. Su perfil privado (a prueba de stalkers como tú) no permite acceso a mucha información que se diga. Pero su foto de perfil es preciosa. Tiene una rasta rubia que sobresale de su cabello que se ve tan bonito. Es un rubio perfecto. No es un amarillo pollito pero tampoco es un amarillo opaco. Tiene una sonrisa perlada y preciosa. Su foto de perfil está llena de comentarios amistosos que están en francés. Porque ella es francesa. Pero tú los traduces. “Je t’aime beaucoup mon amie. Tu es belle. Ce voyage était génial”. Así dice uno de los comentarios.

Te armas con un poco de valor. No te terminas de atrever. No sabes si darle al botón. Tienes el puntero paseando en idas y vueltas sobre el cartel azul que dice “Agregar a amigos”. No te atreves a bajar tu índice. Suena una canción de Rawayana desde tus cornetas. Una que habla sobre las jevitas, los panitas, el chilleo y los porritos (los únicos temas que domina Rawayana). Pero la música está genial. Los de Rawayana son tremendos músicos.

Piensas que nunca te va a aceptar la solicitud de amistad. Ella es una chama superior. Es francesa. Las chamas francesas son superiores. Las chamas europeas son superiores. Es como un dogma que nos han enseñado desde que somos pequeños. Más las chamas que son rubias. Más las chamas que tienen sonrisas perfectas. “Qué coño voy a andar aceptando a este pobre sudamericano que no tiene, seguramente, ni comida para llevar a su plato”, piensas que podría pensar. Pero te atreves. Aprietas el botón.

Pasa un minuto. Pasan dos minutos. Pasan tres minutos. Nada. Te llega una notificación. Suena el “tiquín” de las notificaciones de Facebook. ¿Será que sí? Abres la notificación emocionado. Pero no es ella. Es la foto de tu tío medio sádico. Te ha invitado a un evento que dará Capriles en la Metropolitana. Coño de la madre. Eliminas la notificación por la rabia. Tu tío es un cretino. Y de pana es medio sádico. Sadiqueaba a tu amiga Alejandra cuando la llevaste a la cena en diciembre pasado. Alejandra estaba incómoda. Alejandra tiene 25. Tu tío tiene 61.

Abres un emulador de la Nintendo vieja. Juegas un rato a Super Mario Bros. Ese juego te relaja. Te relaja jugar Super Mario Bros mientras suena la música de Rawayana. Ahora suena una que habla de la parte azul del fuego. De pana son buenos músicos. Su música te ayuda a concentrarte en manejar a Mario. Te cuidado con esa tortuga roja. Aplasta a ese bicho marrón. Métete por ese tubo. Sé como los del PSUV. Róbate todas las monedas que encuentres por el camino.

Ajá. Llegaste a donde está el Bowser. El Bowser pixelado del primer Mario Bros. ¡Cuidado con esa bola de fuego que te echa! Rápido. Uf. ¡Casi lo pasas! Espera. ¿Oyes eso? Es una notifación. “Camile Feraud ha aceptado tu solicitud de amistad”. No te lo puedes creer. Bowser te acaba de calcinar. Pero no te importa. Bueno. Tampoco la aceptación de la solicitud de amistad es algo del otro mundo. A lo mejor ella quiere tener a un venezolano en su lista de amigos. Algo así como cuando quieres tener un perrito exótico en tu colección de miles de perritos. Porque ella tiene 3217 amigos. Es una celebridad. Tú tienes 415. 413 en realidad. Tu tío sádico no es tu amigo en la vida real y uno de tus “amigos” es un perfil falso que se hizo tu hermana para chalequear a un ex.

Ya tienes vía libre para ver las fotos de Camile. Ya no es “La chica francesa que le dio corazoncito y respondió a tu comentario en el grupo de amantes de la literatura de Víctor Hugo”. Ahora es Camile. ¡Tiene unas fotos tan lindas! Mira ésa, en la playa. A lo mejor es una playa de la Costa Azul. Camile se ve tan despreocupada. Está encaramada sobre otra amiga. La amiga sonríe y Camile hace una mueca de cara tonta a la cámara. Pero se ven tan linda incluso con su mueca de cara tonta. Mira esa otra foto. Sale abrazando a un negrito que seguramente es congoleño o suazí. El niñito tiene una sonrisa que parece la media luna en medio de la noche de su cara obscura. Tiene una sonrisa muy simpática. Pero qué es la sonrisa de ese niñito al lado de la sonrisa de Camile. De la preciosa Camile.

Hablo una poca de español. Me gustó tu comentario que hicistes (sic) en el grupo”. Es Camile. El corazón se te va a salir del pecho. La música de Rawayana (esta canción es con Apache) ahora suena como un coro de ángeles dignos del paraíso de la Divina Comedia. Camile terminó el mensaje con una carita feliz. Es una carita feliz de molde. Igual a cualquier otra carita feliz que has visto en Facebook. Pero esta es la carita feliz de Camile. Es más bonita que cualquier otra carita feliz.

¿Qué le puedes responder a Camile? ¿Le respondes en español? ¿Le respondes en francés? ¿Qué tan poco español hablará Camile cuando dice que habla una poca de español? Tú casi no hablas francés. Si te gusta la literatura de Víctor Hugo es porque conseguías varios de sus libros traducidos al español debajo del puente de las Fuerzas Armadas. En tu puesto favorito de libros usados. El que estaba al lado del indigente que nunca sabías bien si estaba dormido o si estaba muerto sobre una pila de revistas de Condorito. Puedes ponerle algo en francés que traduzcas con Google. Pero se dará cuenta. A veces Google Translate tiene problemas serios de morfología y de sintaxis. Mejor sé sincero. Respóndele en español. Dile que hablas muy poco francés. ¿Qué tan difícil puede ser el francés? “Oui”. “Paris”. “La vie en rose”. “Je m’apelle…”. “Voulez-vous coucher avec moi ce soir?”. ¡No! ¡Eso último no!

Se han entendido muy bien tú y Camile estos días. Habla más español de lo que pensabas. De vez en cuando comete algunos errores. Pero nunca se los corriges. ¿Cómo podrías corregirle algo a la “Belle Camile”. Camile es perfecta. Camile no comete errores. El lenguaje es el que está equivocado. La gente como Camile no puede equivocarse. Ella se ríe de tus chistes y hasta han hablado alguna vez por Skype. Aunque nunca te ha mostrado nada. Ni tú has querido que te muestre nada. Camile es una diosa gala. Y las diosas galas no muestran sus pechos por Skype.

Han pasado meses y Camile es algo más que tu mejor amiga. Si tan solo pudiesen verse en persona. Ya han planificado una vida juntos. Pero ella vive en Francia y tú vives en Venezuela. Ella come baguettes y tu haces una cola al lado de los bachaqueros para ver si aún queda un pan canilla. Ella bebe vino de cosecha del 2005 y tú improvisas reuniones con tus amigos en las que toman Carta Roja (si es que consiguen Carta Roja).

Si vinieses a vivir a París, me casaría contigo. Tu es mon amour”, te dice Camile. No puedes aguantar más. Ésa es la pieza que te faltaba. No hay más dudas. Necesitas irte de Caracas. Necesitas irte a París. A como dé lugar. No te esmeres ni te preocupes en conservar tu trabajo en el Centro Letonia. Es un trabajo decente. Pagan bien. Pero no es suficiente. El sueldo se te va en dos hamburguesas y en el pollo congelado que te toca los viernes por número de cédula. ¿Pero de dónde vas a sacar dólares para irte? Ni siquiera tienes pasaporte. ¡Tienes que conseguir un pasaporte! Ya Camile te ayudará a pagar un pasaje. Al fin y al cabo eres su amour. ¿No?

¿Por qué no hiciste los trámites para sacar el pasaporte desde antes? Siempre procrastinando. Siempre ocupado en tu trabajo en el Centro Letonia. Es hora de comprobar si esas leyendas urbanas que cuentan acerca la página del SAIME son ciertas. Es hora de comprobar si realmente sacar pasaporte en una república bananera y comunista como Venezuela es un suplicio. Es hora de comprobar si es cierto que no hay material para hacer los pasaportes.

tramites.saime.gob.ve”. Haces clic. La computadora se ríe en tu cara. Aparece un cartel blanco que dice que no puedes accesar a la página. “Intente nuevamente”, te dice un cartel con una cara de Maduro que resalta sobre un fondo medio difuminado de Chávez. Le haces caso al cartel. Intentas nuevamente. Pero nada. Pruebas intentar a otra hora. Pero nada. Intentas en medio de una reunión en la madrugada con tus amigos (las mismas en las que tomas Carta Roja). Pero nada. Nada de nada. Comunismo. Sólo comunismo.

Por fin logras entrar en la página del SAIME. Es la página más desesperantemente lenta que has visto en tu vida. Las pestañas se deforman. Hay errores ortográficos. Hay caras de Chávez y de Maduro por todos lados. ¡Todo eso sería soportable si la maldita página no fuese tan lenta! Ruegas. Imploras. Pides. Haces Clic. Sale el relojito de la espera. Tienes miedo de que la página se caiga. ¿Por qué se cae la página del SAIME y no el gobierno que hace que la página del SAIME sea así? ¿Por qué tuviste que nacer en un país que se volvió comunista? ¿Por qué tuvo que nacer Carlos Marx? Espera. Procesando. ¡Tienes fecha para la cita!

La cita es en dos meses. Pero no importa. Camile ayudará a paliar la espera. Ah. ¡La belle Camile! Tan bella. Tan rubia. Con esa sonrisa tan perfecta. Con su voz. Con su acento francés que derrite el corazón como si se tratase de un chocolate metido dentro de una cacerola. Sólo el martillo y la hoz te separan de Camile. Sólo el SAIME te separa de Camile. Pero ya te darán tu pasaporte. Cuenta con ello. ¿Cuándo ha fallado el SAIME alguna vez?

Llegas temprano a la cita. No te moriste dentro el metro que te llevó hasta Charallave. Dos borrachos amenazaban con entrarse a puñaladas en el vagón y terminaron abrazados y llorando. Venezuela es la locura. Hay una fila de unas 25 ó 30 personas en la sede del SAIME de Charallave. Son las ocho de la mañana. Quizás tendrás la confirmación de tu pasaporte antes de las once. ¿Qué puede salir mal? ¿Cuándo puede salir mal algo en el SAIME?

Ha pasado media hora. Revisas una y otra vez tu carpeta manila. No falta nada. Todas las estampillas están. Todas las planillas están (con sus respectivas copias). Todas las firmas están. La señora que está en frente de ti te empieza a buscar conversación. Te dice que quiere ver a su hija. Su hija está en Buenos Aires. Su hija es una crack (según sus palabras). Se graduó en la Central y se consiguió un novio argentino. Se casaron y ahora viven juntos. Trabajan en una papelería de la Bartolomé Mitre.

El señor que está detrás tuyo en la fila comienza a impacientarse. Empieza a decir que eso no pasaba en la cuarta. Es cierto que la cuarta no era perfecta. Pero tiene razón. En la cuarta no pasaban esas cosas. En la cuarta ya hubieses podido ir a ver a Camile. Un gordo panga-panga manda a la gente a tener paciencia. “Parece que no hay línea”, dice. Tiene una chemise del SAIME que tiene una mancha que parece caída de una empanada de molida. Apenas han pasado unas cinco personas.

También han pasado unas cinco horas. Todo un día perdido en el SAIME. Pierdes la paciencia. Pero no puedes hacer mucho. Ni siquiera tienes tu teléfono inteligente para distraerte viendo fotos de la dulce y hermosa Camile. Tienes el teléfono bruto. El Nokia que tiene el jueguito de la víbora. Pero el jueguito de la víbora es más divertido de lo que recordabas. Hasta el juego más arcaico parece Disneylandia cuando estás en una cola del SAIME. Pero nada que llega tu turno.

Pides que te guarden un segundo el puesto. Tienes hambre. Vas y resuelves con un cachito medio aguado de jamón que te vende una gorda en licras que también tiene timbres fiscales y fotocopias. Comes apurado. Lo pasas con un jugo medio rancio de patilla (95% agua y 5% patilla). Pero ya por lo menos tienes algo en el estómago. También tienes una rabia en el pecho inmensa. Los asesinos en serie y los grandes psicópatas nacen en las colas del SAIME. Cada vez estás más convencido de eso.

Ya vamos a cerrar”, dice una muchacha morena y un poco insignificante que tiene una visera del SAIME y está mal maquillada. “¿Cómo que van a cerrar? ¡Aquí no cierra nadie! Nos han estado haciendo esperar todo el día”, responde el señor que está detrás de ti en la cola. Se hace una especie de trifulca verbal. Ni siquiera tienen la decencia de reprogramar la cita. En el comunismo siempre te tienes que joder. Si no no fuese comunismo. Te regresas en el mismo tren que te llevó hacia Charallave. Hay calor. Hay retraso.

Ni siquiera consideras intentar de nuevo por la página del SAIME. No tiene sentido. Todo eso lo hacen a propósito para que tengas que buscar un gestor ajuro. No querías hacerlo al principio porque los gestores cobran un ojo de la cara (y eso cuando son generosos). Pero no te queda otra. Ya tus papás te ayudarán con el dinero. ¿Qué gestor vas a buscar? Tu tía Carlota (la hermana pana de tu tío que sadiqueaba a tu amiga Alejandra) se sacó el pasaporte “rapidito” con un gestor. Le escribes a tu tía Carlota. Ella te echa los mil y un chismes de las mil y un personas que no te interesan antes de dignarse a darte el contacto del gestor.

Ya le has depositado al gestor. El gestor parece serio. No hace chistes. Te cobró en bolívares (por suerte). Él se encargará de derribar el muro que te separa de la hermosa Camile. “Ya eso va a salir”, te responde siempre que le escribes. Procuras no escribirle mucho. No quieres jugar con la paciencia del gestor. Del único que puede meterse en el corrupto e ineficiente laberinto del SAIME para llevarte el ansiado pedazo de queso que te permitirá huir de la selva tercermundista y aterrizar en la civilización de un país de verdad.

Pero pasan varios meses. ¿Tendrá Camile tanta paciencia? Las diosas galas no pueden esperar por el comunismo. Hace tiempo que el gestor no te responde. Llega el mensaje de tu tía. “Mejor no hagas tratos con ese gestor. Resultó que se metió a rolo de estafador”. Tiene el tupé de ponerte una carita sorprendida al final del mensaje. Pero ninguna carita está más sorprendida que la tuya. Perdió el amor. Ganó el comunismo. La diosa gala permanecerá en su altar mientras tú tendrás que probar suerte buscando el amor con una de las secretarias medio coquetonas del Centro Letonia. ¿Quién te mandó a vivir en un país comunista? Idiota.

Tomás Marín

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